QUIÉN ES JESÚS DE NAZARET

Este post tiene una doble intención. Por un lado, desnudar un poco el alma, tanto de Jesús de Nazaret, el Jesús Cósmico que conozco, del Maestro de Maestros, como la de este humilde servidor, y, por otro lado, profundizar más abiertamente sobre él y su Segunda Venida. Con este post de hoy, con este extra, comienzan una serie de programas donde iremos quitando velos, más abiertamente, que han manchado la imagen y significado del mensaje del Maestro. No son tiempos de sembrar, sino de cosechar y hay mucho ruido en el mundo incitando al odio, demasiadas ideologías políticas, económicas y religiosas enfrentadas, como para percibir los tiempos presentes. Estos espacios virtuales, el canal o la web, no son propios para quienes han sido adoctrinados en la fe de las iglesias cristianas y tiene una imagen demasiado elaborada de Jesús desde las atalayas intelectuales.

El Jesús que conozco no es de este mundo

Unas atalayas que presentan a un Jesús alejado por completo de su verdadera naturaleza cósmica. Estos espacios son para aquellos, creyentes o no, conocedores o no de la figura de Jesús, que están llamados a vivir los nuevos tiempos desde el amor del Padre que los creó y desde ese amor que no dejan de buscar dentro de sus propios corazones como también fuera de ellos. Jesús no viene a sembrar, como en su primera encarnación humana, sino a cosechar. No viene a traer paz, sino, como él mismo compartió con sus íntimos hace poco más de dos mil años, fuego y espada, pero que nadie se asuste, es un fuego que abrasa el mal y una espada que cercena el mal en esta bella morada del Padre.

EL JESÚS QUE CONOZCO

No es de este mundo. Jesús es una conciencia universal, una conciencia enviada, la mayor conciencia que ha encarnado en este bello planeta, y como toda conciencia tiene su origen en el mismo Padre. No es el momento de indagar sobre el mundo de la conciencia, qué es, qué representa, cómo nace, cómo se transforma, qué fin tiene encarnarse. Lo importante, para este post, es retener que la conciencia que somos, y que compartimos con el Padre mismo, nada tiene que ver con el mundo de las creencias humanas, que han moldeado esta última humanidad y se alimentan de miedos y espejismos de todo tipo.  

El Dios de Jesús, Abba, es Amor y Conocimiento

   El Jesús que conozco no juzga desde las creencias, sino contempla el actuar humano y espera, aguarda, el despertar de los hombres, de cada hombre llamado a ver y vivir los nuevos tiempos. Jesús aguarda y vela, digo, con amor. El amor, en Jesús, no es un fin, sino el camino. No es una esperanza, sino la fuerza que permite que cada hombre encuentre en sí mismo la divinidad que representa, pues es parte de la Conciencia Suprema del Padre. Para llegar a Dios, al Padre al que ora Jesús, es necesario aprender a amar y solo hay un camino, humanamente, para aprender a amar, perdonar. Solo el perdón puede liberar el alma de los miedos que han sembrado en ella todo tipo de creencias fallidas.

   Decía que desnudaría un poco el alma de este humilde servidor que escribe desde y por el amor al Maestro y desde el Amor del Maestro por el Padre y la mejor forma que encuentro, hoy por hoy, es anunciar los tiempos venideros. Soy un simple escriba, a lo sumo, como siempre digo, un mensajero, algo rezagado, pues siempre hay un último de la fila que tiene la misión, la labor, no de ser el primero, ni mucho menos, sino de cerrar la puerta. No son tiempos para sentir miedo, sino para que las conciencias llamadas a ver los nuevos tiempos se preparen para ello. El odio, el mal, genera mucho ruido en el alma humana y no deja escuchar, ni ver, la higuera del fin de los tiempos, que, no olvidemos, es un maravilloso renacer.

A QUÉ VINO JESÚS

No vino a profetizar, ni a cambiar una sola coma de la ley judía, ni a redimir al hombre de pecado alguno, ni a crear religión alguna, mucho menos culto a su personalidad. Jesús vino a señalar tiempos, los tiempos del renacer a otra humanidad. Vino como Enviado, no podemos olvidarlo si queremos llegar a la naturaleza de su suma conciencia, de la conciencia más elevada que ha pasado y pasará durante la existencia de esta morada del Padre, de este bellísimo planeta azul. Desde esta óptica, Jesús no es hijo de Dios, de ese dios construido por los miedos y engaños de aquellas primeras conciencias del desierto, llamadas a caminar por la senda de esta última humanidad y sembrar la idea de un solo dios como fuente última de la creación. Jesús, como toda conciencia, es parte de Dios mismo. La necesidad de convertirlo en hijo de dios, por parte de esos cristianismos que fueron luchando por el poder terrenal, se debería, como diría el Maestro, del desconocimiento de Dios mismo por parte de los hombres. Jesús vino a presentar a otro Dios, al Dios que su pueblo, que su Reino, de otro mundo, hace muchísimos eones ya encontró. Desde esta óptica, el Reino del Maestro, humanamente hablando, podemos agregar que antecede al mismo surgimiento del conocido sistema solar y sus planetas, entre ellos, esta morada del Padre, el planeta azul, hogar de las conciencias humanas.

Jesús vino a señalar los tiempos del renacer a otra humanidad

A QUÉ VUELVE JESÚS

Jesús no vuelve solo ni vuelve para seguir sembrando el conocimiento que abre las puertas a los nuevos tiempos, tal y como hizo en su primera venida. Jesús vuelve a recoger la cosecha y a dar la señal de partida para los nuevos tiempos. Vuelve acompañado, abiertamente, con otras conciencias cósmicas, que, desde eones, están ayudando a los hijos de los hombres a despertar al conocimiento, paso ineludible para llegar a Dios, al Dios de Jesús. A Jesús, aquellos primeros elegidos para sembrar, en el tiempo humano, el mensaje de la llegada inminente del Reino del Padre, lo esperaban en sus propias vidas. Desconocían aquellos elegidos la naturaleza del Maestro como la naturaleza del Reino del Padre, del Reino de Dios. Jesús vuelve a traer fuego y espada, como escribí anteriormente, y es hora de que estos tiempos emerjan a los ojos de los hijos de los hombres. Jesús no viene a crear un cielo en la tierra a semejanza de paraísos terrenales sacados de fábulas. Tampoco viene a castigar y mandar a infiernos dantescos a todos aquellos que no supieron aprender sus lecciones de vida, cada cual la suya. Jesús viene a dar la señal para un nuevo renacer ¿De qué señal se trata? ¿De qué renacer estamos hablando?

Jesús vuelve a traer fuego y espada

   Las señales que muestra el Maestro para su Segunda Venida es, como mantenemos, no las referidas a los fenómenos en sí que acompañarán su llegada, sino las que muestran lo oculto de ellas. Lo oculto lo podemos rastrear en esa contraposición entre los verbos escuchar y ver en el relato a sus íntimos, no solo en aquella ocasión en el Monte de los Olivos, sino en otras ocasiones. No olvidemos que el núcleo central de la misión de Maestro es señalar los tiempos del renacer, de la llegada del Reino de Dios a este hermoso planeta. Qué significa este renacer, qué significado tiene esa llegada del Reino de Dios. Renacer es renacer al Reino de Dios, es decir, renacer al Conocimiento, con mayúscula. Un Conocimiento que tiene como rasgo fundamental poder “vivir” bajo la capacidad consciente del poder creador que tiene toda conciencia. Un poder creador que orientado al Amor puede construir realidades sublimes para ese conjunto de conciencias encarnadas. Renacer es, desde la otra óptica del amor, vencer al Mal. Un Mal que no se puede vencer cambiando unas verdades humanas por otras, pues las verdades vencedoras, suelen esconder males diversos en sus entrañas, sino abrazando el conocimiento del Padre. Jesús vuelve, como he dicho anteriormente, para darnos a conocer a Abba y el poder que tal conocimiento conlleva, renacer a las estrellas, el hogar de todos y de toda conciencia.

DESPUÉS DE LA SEGUNDA VENIDA DEL MAESTRO, QUÉ

No hay cielos ni infiernos. Hay espacios, moradas, donde las conciencias pueden desarrollarse en plenitud y crear realidades acordes con sus observaciones. Otros espacios, como este bendito planeta azul, se convierten en infiernos cuando el mal siembra en él su veneno. Antes de la llegada del Maestro, en un primer tiempo, reinará la confusión, el dolor, el sufrimiento, la muerte que engendrará el hombre contra el propio hombre, unido a fenómenos naturales que, por muy alejados que estén, serán vividos y, peor aún, sentidos como en primera persona, pue no habrá refugio para quienes buscan refugio en el mundo.

No hay cielos ni infiernos, sino conciencias que viven cielos o infiernos según se vivan a sí mismas

   Como mantenemos, Jesús, el Maestro de Maestros, no viene solo. Esos antiguos ángeles de los relatos bíblicos, esas conciencias cósmicas hermanas, hermanas porque tenemos un origen y un destino común, acompañarán la llegada del Maestro y son quienes, tras aquellos momentos de infiernos humanos, como nunca hubo ni nunca habrá, tal y como señala el Maestro, ayudarán a las conciencias humanas a despertar del largo letargo de sus creencias, cada cual la suya, y podrán ver los hombres con sus propios ojos los milagros que le fueron negados a su corazón por un sinfín de creencias que lo único que consiguieron fue llevar a la gran mayoría de seres humanos a sus propios infiernos.

Jesús no viene solo. Acompañan al Maestro conciencias hermanas

   Sí, aquellos que los miedos les venzan en esta batalla del fin del final de los tiempos tienen que seguir su camino, en otros espacios, en otras moradas, donde será el llanto y el crujir de dientes. Infiernos como lo es este planeta y que solo podrá dejar atrás, y será dejado atrás, con la Segunda Venida del Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret.  Los paraísos que aguardan no son fantasías de la imaginación, sino una imagen encarnada, materializada, basada en las conciencias abiertas al Amor y a las estrellas.

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