PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN

La Cruz, contra lo que piensan muchos, tanto dentro de los diversos cristianismos como fuera de ellos, no es un fracaso. Muchos, repito, así lo ven y lo sienten. Cómo un ser excepcional, cómo el hijo de dios, ha muerto de tal modo, con tanta saña y dios no ha movido un ápice para salvarlo. La iglesia cristiana ha encontrado la excusa perfecta para dar cuenta de este crimen atroz en la idea de que Jesús murió en la cruz para expiar los pecados del hombre. Con todo el respeto del mundo, eso es una burda mentira, una maquinación conceptual para dar cuenta, digo, de la incomprensión de la muerte del Maestro en la Cruz.

Solo el perdón te hará libre

LA MUERTE EN LA CRUZ

La cruz (link a YouTube, canal Universo Abba), y todo el odio descargado en ella, representa un paso necesario para enseñar a los hombres, a los hijos de los hombres, a las conciencias humanas, hasta dónde era y es necesario llevar la enseñanza radical del perdón. El mundo de las creencias debe ser trascendido. Lo he dicho en varias ocasiones, pues es medular para comprender la figura del Maestro como conciencia cósmica, Jesús no vino a crear nuevas creencias, sino a trascenderlas, comenzando con las del seno del pueblo judío en el que nació. A Jesús lo crucificaron las creencias insanas de varios actores de la época en que nació. Las creencias insanas (Link a YouTube, canal Universo Abba) y un sinfín de seres hipnotizados por dichas creencias y secundado por tantos miedos, empezando por el de la muerte, el sufrimiento, el dolor. Jesús tuvo miedo ante la hora de la pasión, sí, pues su naturaleza encarnada así lo exigía, pero también sabía que era un paso necesario para mostrar a los hombres que el despertar a la conciencia del Reino de Dios y superar el mundo de las creencias no se alcanzaba a través del ojo por ojo, diente por diente. El Maestro quiso enseñar, con su muerte en la cruz, que su negación a reaccionar con la misma moneda no era fruto del miedo, sino del Amor y del Conocimiento. Conocimiento del Padre, conocimiento de que la vida no se agota con la muerte, conocimiento sobre el camino hacia la Vida, la que no se agota con la carne, sino la que vive en el espíritu de cada conciencia humana. El Maestro siempre recuerda que aquel que quiere ganar su vida en el Reino del Padre, en la nueva morada reservada a los hijos de los hombres, debe dejar atrás las viejas creencias que alejaban y alejan al hombre del Padrecada vez que lo hacen con las conciencias hermanas.

El perdón y el amor son cara y cruz de un mismo sentimiento, el sentimiento de Ser

LA IGNORANCIA DE SER HIJOS DE DIOS

Los hombres, en sus diversas cunas, crearon dioses a su imagen y semejanza desde los mismos albores de la conciencia humana en este hermoso planeta azul. Dioses con demasiados rasgos humanos, iracundos, coléricos, vengativos, pasionales, posesivos, etc., etc., y sí, también, afables y amables con quienes les rindiesen pleitesía y obediencia ciega. Los dioses nacidos de la mente humana, de la racionalidad humana, de los miedos humanos, se parecen demasiado a sí mismos. El Dios de Jesús, el Padre, Abba, no necesita seres atados a su inconsciencia, a sus creencias, sino despiertos a su conciencia, a la conciencia de sí mismos, al amor que representan y a la libertad de crear que son.

El odio no se puede vencer ni aplacar con más odio. Solo el amor puede vencer al odio

   El Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, vino a enseñar tiempos y caminos. Tiempos para recordar a los hijos de los hombres que los tiempos del Mal estaban llegando a su fin en esta morada del Padre. Y vino a enseñar el camino a casa, el camino a las estrellas, a las conciencias humanas. Un camino que no llega a través de las creencias, sino a través del conocimiento y para entrar en esa “autopista hacia las estrellas” hay un solo requisito, amar. Amar y perdonar, pues ambos verbos son cara y cruz de una misma moneda, la de la conciencia que bebe de su propia libertad de ser. Jesús no vino a sembrar nuevos odios, nuevas formas de odiar, sino a rescatar al hombre de sus miserias y miedos y para ello tuvo que dar su vida ¿A qué hombres vino a rescatar? A todos ¿Qué hombres serán los que serán rescatados? Todos aquellos que sepan tomar su cruz y convertir el odio en amor, la sed de venganza en perdón.

EL PERDÓN EN TIEMPOS DE TRIBULACIÓN

  El Maestro nos recuerda, ayer como hoy, que si estostiempos de Tribulación, estos tiempos del cambio, que estamos viviendo, no fuesen acortados, ni siquiera los llamados a encontrar la senda del perdón como camino hacia la Casa del Padre, pudieran salvarse. El perdón siempre estuvo mal mirado por ese cúmulo de creencias que se han endiosado a sí mismas y que no persiguen conocimiento alguno, sino la forma de perpetuarse generación tras generación. El odio vende bien y da beneficios engañosos, tanto económicos como emocionales, a quienes se han refugiado en su inconsciencia y en sus miedos. Hoy en día, el ruido que genera el mal es estrepitoso. Impide a los hombres de bien, a las conciencias humanas que anhelan paz en los corazones y en las vidas, en la suya propia y en las hermanas conciencias, escuchar, más allá de sermones y creencias basadas en ellos, el mensaje del Maestro. Solo hay un camino para entrar en el nuevo Reino del Padre, trascender el odio y solo hay un camino para trascender el odio, amar y solo hay un camino hacia el amor, el perdón. Cuando ignoramos que el dolor que proporciona el daño, el sufrimiento, la pérdida, solo es un espejismo de la mente y no la esencia de la persona, caemos en la tentación de usar el poder creador que tenemos de una manera destructiva. Sin embargo, al hacerlo, olvidamos que a quienes estamos destruyendo no son quienes decimos que son nuestros enemigos, sino nos estamos destruyendo a nosotros mismos.

El Maestro murió aleccionando

   Muchos querrán mirar hacia otro lado, creerán ver la solución al problema del odio en nuevas creencias, en nuevas ideologías, sin comprender que la solución al odio no está en el mundo de las creencias, sino en el despertar y desarrollo de la conciencia. La conciencia no mira la experiencia de ser, la vida misma, la cotidianidad, la encarnación humana, como forma de avasallar a las otras conciencias, como forma de degradar y esclavizar a las otras conciencias, tal y como lo hacen un sinfín de creencias humanas, sino ve la experiencia de ser como una forma de crecer y encontrar el Reino de Dios en cada nuevo conocimiento, en cada nueva relación con las demás conciencias. El Maestro, lo dijo por activa y por pasiva, solo el que aprende a perdonar, tendrá cabida en el nuevo Reino de Dios en la tierra. Son muchos los llamados, todos, decía a sus más íntimos, pero muy pocos los que sabrán elegir el camino hacia las estrellas. Yo, siempre recuerda el Maestro, señalo el camino, pero son sus pies quienes lo tienen que transitar. Yo, dice el Maestro, hoy como ayer, con la cruz les enseñé hasta qué punto hay que interiorizar la conciencia que somos y con la resurrección les enseñé que el conocimiento les hará libres El Padre no nos dio la libertad para echársela a los cerdos.

Al odiar encarcelas al espíritu de libertad que eres. Al perdonar te liberas

El Maestro de Maestros enseñó, igualmente, que el perdón, como el amor, no se puede exigir ni imponer, debe nacer de aquella conciencia que es capaz de reconocerse en y entre todas las demás conciencias, humanas o cósmicas, y en todo el misterio de este universo que aguarda la llegada de las conciencias humanas con plena consciencia de ser hijos del Padre, de Abba, y hermanas de tantas y tan diversas conciencias cósmicas.

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