LAS TRIBULACIONES DE LOS TIEMPOS

Es tanto el dolor humano ante la falta de humanidad en la convivencia entre los hombre, que las señales del fin, sobre todo las concernientes a grandes catástrofes, suelen ocultar, velar, el mensaje real que hay detrás de dichas señales. El fin al que se refieren mil y una tradiciones y que el Maestro Jesús también señaló, en lo que se conoce como el “pequeño apocalipsis” (Marcos 13 y los sinópticos de Mateo y Lucas), no trata del fin de la tierra, ni del fin de la especie humana, sino del final de un tiempo inhumano, de un período que ha abarcado muchos eones y que ha llevado a los hijos de los hombres a experimentar todo tipo de sufrimientos y males tanto como víctimas como verdugos. Sufrimientos y males, no olvidemos, que han abarcado a muchas otras especies animales, sujetas a su propia evolución y a la naturaleza misma de la madre tierra.El hombre ha sido víctima y verdugo de mil y una ideologías que lo han esclavizado a miedos de todo tipo. No es secreto alguno que estos miedos han sido canalizados por poderes políticos y religiosos de todas las épocas  para el beneficio de las cúspides de poder de dichas instituciones humanas. Sí, los hijos de los hombres han sufrido el envite de ciertas consciencias insanas que han manipulado las mentes humanas para impedir su sano desarrollo como conciencias cósmicas.

Jesús fue un Enviado para dar a conocer los nuevos tiempos que habrán de llegar a este planeta

LAS SEÑALES DEL FIN Y EL MIEDO AL CONOCIMIENTO

Jesús enseñó el camino a la Casa del Padre, al Reino de Dios, al Reino de los Cielos. Un camino que pasa ineludiblemente por el conocimiento hacia dentro (conciencia de ser) para llegar al conocimiento hacia fuera (el universo en toda su plenitud y desarrollo). El conocimiento que lleva a interiorizar que el amor y el perdón no son dos atributos más de la especie humana, sino dos fuerzas, dos leyes universales, sin las cuales es imposible acceder al conocimiento mismo del Padre y, por ende, de la creación misma. El problema que ha acarreado el concepto mismo de un Creador es que este ha sido conceptualizado de una forma muy humana. Dios fue conceptualizado a semejanza de los miedos humanos a través de la historia para el beneficio de los guardianes de los templos que se iban construyendo en nombre de Dios. Pero el Dios de Jesús, el Dios que lleva al Conocimiento del sí mismo y del universo, no busca pleitesía, ni obediencia ciega a mandamientos inhumanos, ni necesita que le reconozcan como Dios, sino busca el despertar de la gente a la conciencia divina que son. Obviamente, las diversas teologías cristianas han ocultado, a lo largo de los siglos, la verdadera naturaleza cósmica de Jesús por miedo a perder el control de los miedos con los que manipulaban a las masas hipnotizadas con paraísos e infiernos que solo viven en las mentes sedientas de poder.

No siembres miedos en tu mente y no cosecharás derrotas en tu alma

   Sí, sin duda las tribulaciones que sufrirán los hombres de esta última humanidad no son cuento chino, ni fruto de la imaginación de unos endemoniados catastrofistas, sino que se deben a un ciclo que hay que cerrar dentro de la “materialidad temporal” del mundo. Nadie en su sano juicio desearía el mal para nadie y menos para sí mismo, pero el mal que llevará a las tribulaciones descansa en la ignorancia misma, por parte de la gran mayoría de las conciencias humanas, de la naturaleza divina que son. Jesús lo repitió por activa y pasiva, el Reino de Dios está dentro de vosotros y también dejó claro que siempre habrá pobres hasta el final de los tiempos. El pobre, en la enseñanza del Nazareno, representa el fracaso del ser humano para despertar a su condición de hijo de Dios. Pero el fracaso no es el final, sino el comienzo de otros tiempos. Jesús, como Enviado del Padre, representa la frontera que hay que alcanzar para entrar en estos nuevos tiempos.

LAS SEÑALES DEL FIN EN EL SIGLO XXI Y LOS HIJOS DE LAS ESTRELLAS

Las limitaciones del conocimiento humano que proviene de la racionalidad, de ese entramado eléctrico-químico de orden neuronal, vienen de la mano de la incapacidad de trascender la misma conceptualización de los conceptos mismos. Al final, el ego siempre quedará encerrado y atrapado  en algún tipo de lenguaje, aún en el más perfecto de todos ellos, el matemático. Sin embargo, el conocimiento que da pie a esa búsqueda a través de los diversos lenguajes de la esencia misma de la conciencia, humana o cósmica, la esencia de Ser, no tiene finalidad alguna. El Ser no necesita reconocerse, ni si quiera por el ego, sino experimentarse. La experiencia de Ser es imposible de detenerse, de olvidarse de sí misma. De ahí la imperiosa necesidad de toda conciencia de buscarse a sí misma más allá de lo que la razón pueda decir o no de sí misma o del mundo mismo.

Cada conciencia cósmica es una parte de la Conciencia de Dios. Cada conciencia de ser es una conciencia fractal del Padre

   Sin embargo, los hijos de los hombres de este siglo XXI, con sus conciencias hipnotizadas por las melodías de todo tipo de ideologías, a cual más cruel, están viviendo los tiempos del fin. Pero, no olvidemos, los tiempos del fin no es el final de esta conciencia cósmica que habita este pedacito de universo, sino su renacer a otros tiempos y a otros mundos, en fin, a otros conocimientos. Los hijos de las estrellas, que los hay en infinidad de espacios-tiempos y más allá de los espacios-tiempos, entre los que el Maestro Jesús es la Voz genuina del “Reino de Dios”, no solo están preparados (desde la primera humanidad que habitó este hermoso planeta) para ayudar al despertar del hombre a las estrellas, sino para evitar que los conflictos, ineludibles e inevitables entre el mal que se ha apoderado de los hombres, puedan hacer daños irreparables al planeta y a los sobrevivientes llamados a poblar las nuevas tierras e inaugurar los nuevos  tiempos. Cuando el terror se apodere de la mente de los hombres y la desconfianza y el miedo reinen entre los pueblos, entonces verán venir al Maestro para dar cuenta de los nuevos tiempos. Las tribulaciones no son buenas ni malas, sino fronteras a trascender para entrar en otros tiempos, los tiempos que llevarán a los hijos de los hombres a su casa original, la Casa del Padre, el universo mismo.

Muchos se detienen en las catástrofes porque solo pueden ver el final en ellas…ignoran que las tribulaciones son el comienzo

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