LAS INFINITAS MORADAS DEL PADRE

No es admisible seguir fomentando la ignorancia que ha llevado al hombre a esclavizarse a otros hombres en nombre de todo tipo de ideologías y reducir el conocimiento a meras fórmulas matemáticas o, peor aún, a un valor en la bolsa. El Conocimiento va más allá de las verdades humanas y descansa en el Conocimiento que el Reino de Jesús tenía sobre lo que humanamente se llama Dios. El Padre, Abba, como Dios del Amor y del Perdón, como el Dios de Jesús, se abrió paso entre dogmas que para nada reflejaban la misión y las enseñanzas de Jesús. Jesús vino a enseñar el camino hacia el Padre, hacia el Conocimiento último y todas sus enseñanzas se pueden resumir en amar y perdonar al prójimo porque el prójimo es una versión más no solo de ti mismo, sino de Dios mismo. El Reino de Dios está dentro de cada conciencia porque, al igual que el Padre, cada conciencia tiene el poder creador y transformador de lo que se tilda de realidad.

   Interiorizar que las moradas del Padre son infinitas es comprender que las conciencias que habitan el cosmos no son ajenas ni al propio hombre, ni a Dios mismo. El Reino de Jesús no sabe de tradiciones ancladas en miedos ancestrales, sino en el amor como fuerza que mueve, expande y transforma el universo. Para llegar al Reino de Jesús no hace falta títulos, posesiones, saberes humanos, etc., sino pasión a la hora de amar y hacer el bien y compasión para retomar el camino cuando, por las más diversas razones, el hombre se aleja del Padre. No se trata de dominar el mundo y esclavizar al ser humano, como muchas consciencias equivocadamente creen, sino de amarlo. No se trata de conquistar el mundo, sino de crear la realidad en base al conocimiento de la Conciencia y de experimentar la existencia en total plenitud.  Jesús vino a anunciar que los tiempos de la siega estaban cerca para los hijos de esta última humanidad. No se trata de sembrar miedos, todo lo contrario, pues ¿quién en su sano juicio desea dejar a sus hijos y nietos un mundo donde el odio sea las cadenas mentales de los hombres? ¿Quién en su sano juicio no desea paz, armonía, concordia y bienestar para hacer de la existencia de cada cual un remanso de paz para el espíritu?

   El Mal, con mayúscula, camina a sus anchas en esta morada el Padre, pero los tiempos de su condena están cerca. El regreso del Nazareno junto a tantas conciencias cósmicas que velan el bienestar humano, impidiendo que el Mal se apodere por completo de este hermoso planeta y de todas sus formas de vida, está, como quien dice, a las puertas. No se trata de creer o no creer, mucho menos de convencer, pues nadie puede caminar hacia el Padre por la senda de otro, sino de anunciar que las palabras de Jesús sobre su regreso es la voluntad del Padre y no solamente una tradición, como muchos llamados a creer siguen pensando.

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