LAS BIENAVENTURANZAS EN EL SIGLO XXI

Las bienaventuranzas de Jesús, el conocido como discurso de la montaña, es, sin duda alguna, la mayor señal dejada por el Maestro para las futuras generaciones sobre el futuro de este planeta y sobre el alcance de su misión.

LAS BIENAVENTURANZAS EN LA HISTORIA DEL MAL

Sí, el Mal no es fruto del azar ni de la naturaleza malévola de los hijos del hombre, sino es fruto de la libertad de Ser. Una libertad que tiene que pagar el precio de poder equivocarse al tener que elegir sobre la posibilidad, siempre abierta, de hacer el mal.

La paz volverá a las montañas de la tierra
Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra

El Mal, con mayúscula, siempre alude a la separación, entendida como alejamiento, no como escisión,  de cualquier conciencia, humana o cósmica, de la Conciencia Divina. Si Dios, la Fuente primigenia, las leyes del universo o como cada cual guste llamar al “Creador” hubiese hecho una conciencia determinada, incapaz de reconocerse a sí misma como parte del Todo y sin capacidad creadora ¿qué conciencia sería? La libertad de Ser no es un instrumento conceptual del lenguaje simbólico humano. No es un mero artilugio bio-químico para intentar comprender acciones, decisiones o interpretaciones por parte de una red neuronal que va recalibrando en cada acción los pasos a seguir. No.  La libertad de Ser señala tu capacidad creadora y sí, puedes crear tanto el mal como el bien.

perseguidos por el Mal
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos

No estás sujeto a una órbita única en tu devenir a través de las vidas y los universos.  El hecho de no recordar vidas pasadas no significa que no las hayas vivido. El hecho de no creer en un “Creador” no significa que no hayas sido creado “intencionalmente”. El hecho de que no comprendas esa intención creadora no significa que no haya dicha intención.

   Frente al Mal, las bienaventuranzas representan el triunfo del bien sobre esa libertad que hace a toda conciencia no solo creadora, sino transformadora. El bien señala la capacidad que tiene toda conciencia de poder transformarse. El Mal nunca tiene la última palabra. El Bien Supremo, la Conciencia del Padre, impregna todo el universo, incluido esa libertad de Ser  que vibra en cada conciencia cósmica y que elige hacer el Mal.

El fin del mal
El Mal tiene sus horas contadas en este hermoso y maltratado planeta

Las Conciencias que pueblan, componen y representa todo el universo buscan, persiguen, intentan alcanzar siempre ese estado de conciencia que los aleje del Mal. El Mal, cuando vence, vence por ignorar su propia esencia, pero siempre es una victoria puntual y espurria, pues nadie puede “escapar” de la Conciencia Única y Creadora del Padre.

LAS BIENAVENTURANZAS DEL JESÚS CÓSMICO

   Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra. La segunda venida del Maestro no tiene la misión de señalar el camino hacia la casa del Padre, sino desterrar de esta tierra el Mal que se ha apoderado de ella desde que la vida con conciencia fue depositada en esta noble esfera.

Bienaventurado pintando
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa

El problema del Mal en este pequeño, azulado y encantador planeta tiene sus horas contadas y las huestes malignas, las conscientes y las que por ignorancia beben de sus aguas, serán desterrados de este esfera luminosa y azulada que navega por este pequeño barrio de una minúscula galaxia que se pierde en los confines del universo. Los mansos heredarán la tierra porque la violencia que utiliza el mal para sembrar el odio ya no tendrá razón de ser en las conciencias que heredarán la tierra. El conocimiento, de sí mismos como parte del Todo, como parte del Reino de Dios, se unirá a la nueva sed de descubrir todo el universo que se abrirá -ya se está abriendo-  no solo a los ojos humanos, sino a su corazón. El hombre, la conciencia humana, ya sin el peso del mal sobre sus espaldas, descubrirá que procede de las estrellas, que su hogar está en la Fuente misma desde donde mana la Conciencia que son. Pero esto es otra historia.

La hora es conocimiento del Padre
Pero, en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre

Para el presente post, solo cabe resaltar que aquellos que no se dejarán vencer por el odio, en tiempos más turbulentos que tranquilos para quienes solo pueden ver con los sentidos del cuerpo y no del espíritu, aquellos que no se dejen vencer, digo, la tierra será su hogar, una morada más del Reino de Padre.

LAS BIENAVENTURANZAS DEL SIGLO XXII

Muchos seres se pierden en el relato del mundo que les han transmitido sus ancestros. De generación a generación les van legando sus miedos, sus errores, sus esperanzas, sus conocimientos. Lo asumen, lo adoptan, lo viven y lo transmiten. Jesús vino a romper esa inercia llamada tradición.

Futuros mansos que rescatar
Las bienaventurados del siglo XXII mirarán las estrellas buscando a los mansos de otros planetas

No es el momento de entrar en la historia de Jesús como Enviado del Reino del Padre, ni de entrar en detalles humanos, demasiado humanos, que solo buscan en la superficie y afuera lo que está en ellos y dentro de su corazón. La tradición que vino a rescatar Jesús es la tradición del Amor, de la intención con la que fue creada toda conciencia, no solo la humana. El Mal, repito, no es asunto del Padre, sino de la libertad de las conciencias. Pero igual que la libertad es propia de cada conciencia, el universo, tal y como es posible entenderlo humanamente, es fruto del poder creador del Padre y la materia, las galaxias, las estrellas, los planetas, y todos sus espejos, tienen, por decirlo de un modo bastante humano, su “propietario” y su “tiempo”. Y esa propiedad y ese tiempo pertenecen al Creador. Por eso este bendito y encantador planeta debe ser “rescatado” y entregado a los mansos, a los sedientos de justicia, a los que fueron perseguidos por señalar al mal como un mal camino para encontrarse a sí mismos y para encontrar el camino a casa, a la Casa del Padre.

  En el siglo XXII los mansos mirarán las estrellas con los ojos del conocimiento que no beberá de creencias y tradiciones tras la Segunda Venida de Jesús, sino de la ilusión de saber que su pensamiento y conocimientos sobre sí mismos y sobre el cosmos van expandiéndose junto al universo.

La infinidad de vidas
Solo la ceguera del alma impide ver la vida sembrada por todo el universo

La casa del Padre tiene demasiadas moradas para aburrirse en ellas y rescatar a tanta conciencia cósmica que está como está la humana en estos tiempos, será tarea de esos mansos que heredarán la tierra.

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