LA SEÑAL DE LOS CIELOS: LA TRANSFIGURACIÓN EN EL MONTE HERMÓN

La naturaleza cósmica de Jesús se suele obviar, no solo por las tergiversadas interpretaciones, y en no pocos casos, malintencionadas, de los distintos dogmas cristianos a través de los siglos de su construcción, sino por la visión hollywoodense de los llamados alienígenas. La estrechez de miras con las que, modernamente, se comenzó a hablar sobre la temática del universo y sus formas de vida obedecía, principalmente, a la misma ignorancia del ser humano no solo sobre su propia morfología y los millones de formas de vida de este hermoso y maltratado planeta, sino sobre su misma conciencia. Interesaba más su apariencia que su esencia, la conciencia cósmica que representan. Debemos recordar que es en estos tiempos de finales de los tiempos, con la mano de la globalización de las tecnologías de la comunicación, que está aflorando y dejándose sentir esa corriente de pensamiento que intenta rescatar del ser humano su verdadera esencia, el Ser que es. En todas las épocas hubo seres despiertos al cosmos, al universo mismo, a la Conciencia Suprema que impregna todo el Universo, pero solo en estos tiempos, digo, esa corriente se está transformando como una fuerza evolutiva que llevará al hombre a la raíz de su conciencia. El Maestro de Maestros (Link a Universo Abba, YouTube), Jesús de Nazaret, es la conciencia cósmica más pura y evolucionada que ha llegado a este planeta. De su mano, y tras su segunda Venida, la conciencia humana entrará de lleno en el conocimiento de su verdadera naturaleza cósmica y de su mano entrará a formar parte de su propio Reino, que, como él siempre decía y dice, no es de este mundo ¿Cuál puede considerarse su genuina señal, en su primera venida, como conciencia cósmica?

EL MONTE HERMÓN Y LA NATURALEZA CÓSMICA DE JESÚS

   Muchas son las señales que muestran la naturaleza de Jesús como no perteneciente a este mundo, empezando ya desde su misma concepción. Debemos recordar que muchas de las llamadas herejías que fueron desarrollándose en los primeros siglos, tras la muerte y resurrección del Maestro, estaban relacionadas con esa naturaleza humana que desafiaba toda lógica, valga la redundancia, humana. Pero de lo que hoy escribiremos será sobre una señal más que evidente para los ojos y oídos de nuestra época. Ya he dicho en otros lugares que el mensaje del Maestro de Maestros, en relación a su Segunda Venida (Link a Universo Abba, YouTube), no estaba dirigido, primordialmente, a las gentes de su época, sino para aquellos llamados a vivir en primera persona esa su Segunda Venida. Esta señal de la que hablaremos es la conocida como “transfiguración en el monte Hermón”, una señal que, sin duda alguna para los conocimientos de nuestros tiempos, muestra la naturaleza cósmica de Jesús.

   Uno de los principales escollos a los que se enfrentan las diversas teologías cristianas es cuando intenta “hablar”, “conceptualizar”, a Dios. Uno de sus fallos radica en intentar dar cuenta de Dios a través de la racionalidad, de la razón. Jesús, el Maestro de Maestros, cuando presenta a Dios, al Dios a quien se dirige, ora, pide, no lo hace desde la razón, sino desde el Amor. Dios es Amor y, como tal, solo el lenguaje del amor es capaz de acercarse al Dios de Jesús, a Abba. Las diversas teologías cristianas intentan hablar de la Transfiguración desde las atalayas de la razón, pero de una razón dogmática, encarcelada en la misma ignorancia pura y dura con la que Pedro, Juan y Jacobo, los elegidos del Maestro para sembrar esta semilla del conocimiento cósmico palpable en el monte Hermón, contemplaron aquel encuentro de Jesús con hermanos estelares, con conciencias cósmicas encargadas de apoyar al Maestro en todo su periplo humano.

   Los apóstoles, encargados de contemplar aquella escena donde se confunden conciencias cósmicas con las figuras históricas de Moisés y Elías, no saben realmente qué están contemplando porqué, como he escrito, esa escena del encuentro está dirigida a nuestros tiempos, los tiempos del fin, que, como siempre recuerdo, no son los tiempos de ninguna extinción, sino de un renacer.

¿POR QUÉ HERMÓN PARA MOSTRAR LA NATURALEZA CÓSMICA DE JESÚS?

   Hermón es mucho más que un monte para la historia del pueblo judío, es un lugar de encuentro. En esta hermosa morada del padre, la Tierra, el planeta azul, hay muchos lugares, en las más diversas latitudes, que son puntos de encuentro entre los seres humanos y las conciencias estelares. Hermón es el lugar donde los antiguos Vigilantes, aquellos de los que habla Enoc, desafiaron su misión y sembraron la semilla del mal en este pedacito de universo. Hermón representa algo más espiritual que un simple espacio de encuentro terrenal. El desafío de los vigilantes, que conllevó la esclavitud y caída del hombre a miedos de todo tipo, también representa la libertad de las conciencias. El Maestro no solo buscó un lugar para hablar a los hombres del futuro de su naturaleza cósmica, sino de la libertad que son y que solo es esa libertad de ser la que les puede acercar al camino del Padre en los nuevos tiempos. El final de los tiempos (Link a Universo Abba, YouTube), la Segunda Venida del Maestro, viene a marcar un antes y un después para las conciencias humanas y un antes y un después para este pedacito de tierra que viaja por el universo y que está llamada a ser el lugar de los hijos de los hombres abiertos al universo. Un lugar que estará exento de maldad y donde la infinidad de formas de vida que acompañan a los hijos de los hombres se desarrollarán, cada cual, en su naturaleza, sin que sean pasto de las acciones humanas, salvo para protegerlas. 

EL MONTE HERMÓN Y LA SEGUNDA VENIDA DEL MAESTRO

¿Puede ser el monte Hermón el lugar geográfico por donde el Maestro regresará? Esta pregunta está muy relacionada al cómo de la Gran Tribulación, pero, como he dicho en otras ocasiones, las preguntas por el cómo, por dónde, cuándo, carecen de significación para el Maestro. El Maestro, con su segunda Venida, viene a recoger los frutos que han dado vida a sus enseñanzas y, a su vez, dar un nuevo hogar a la conciencia humana. Un hogar que estará habitado con otra conciencia abierta a las estrellas y al Conocimiento que llevará a los hijos de los hombres a experimentar su Ser ya como hijos de las estrellas y como hijos del Padre, Abba, el Dios de Jesús.

   El monte Hermón, los ojos de Israel, puede ser el lugar desde el que los hombres, inmersos en la Gran Tribulación, comiencen a contemplar con estupor sus grandes faltas, sus grandes errores, al ver venir al Gran Maestro entre nubes, que no son más que, como la de hace más de dos mil años, el “camuflaje” que esconde naves de seres que acompañan la misión de Jesús en esta morada del Padre¿Suena a ciencia ficción? Imaginen como sería si el Maestro revelara su naturaleza cósmica a aquellos hombres de la Galilea del siglo I. Jesús, como he dicho en otros artículos, vino a señalar tiempos y caminos. Tiempos que reflejan el final de los tiempos, que estamos viviendo y caminos que señalan cómo llegar a vivir, a encarnar, a reencarnar en la nueva morada del Padre, ya exenta del Mal.

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