LA RELIGIOSIDAD DE JESÚS DE NAZARET FRENTE AL JUDAÍSMO

Seguir escuchando a Jesús con la idea de que el Maestro de Maestros profesó el judaísmo es no entender su naturaleza cósmica y su misión de enseñar a trascender las leyes humanas, aun cuando se vistan de religiosas,  que atan a los hombres a sus miedos y esclavizan unos hombres a otros. La religiosidad de Jesús de Nazaret nada tenía ni tiene que ver con la tradición judía en la que nació, en la que encarnó como humano hace más de dos mil años.







La religiosidad de Jesús está puesta en los ojos del Padre, de la Conciencia Suprema, del Amor absoluto. La pregunta que pueden hacerse los más sagaces, los que gustan de alimentar su ceguera y sordera con conceptos demasiado humanos, estaría relacionada con aquellos pasajes en los que Jesús parece apoyar la tradición judía, como cuando cura y envía a los curados a presentarse a los sacerdotes de turno para que cumplan la ley o cuando celebra con sus apóstoles la comida de pascua. Si Jesús hubiese querido mostrar su naturaleza cósmica en aquel entonces no sería entendido ni siquiera sería tomado en cuenta. Además, su misión, como he dicho en otros lugares, radica en avisar de que el Reino de Dios estaba muy cerca de llegar a impregnar el Reino de los hombres y que el camino a ese Reino era a través del mensaje que estaba enseñando con su propio ejemplo de vida, ama y perdona y encontrarás el camino hacia el Padre.

LA RELIGIOSIDAD DE JESÚS COMO PUERTA HACIA EL PADRE

La religiosidad de Jesús de Nazaret se basa en el Conocimiento del Padre, de quién es, humanamente hablando, Dios, el Creador. Un Conocimiento que no se puede imponer, sino que debe ser encontrado por cada conciencia, por cada Reino cósmico, por sí mismo. El dios al que llegan los hombres a través de la tradición, a través de lo que se ha ido imponiendo generación a generación como si fuera dios, nada tiene que ver con el Dios, el Padre al que ora Jesús. Pero Jesús encuentra en la misma tradición judía en la que nació un método de enseñanza para trascenderla, pero no todo el mundo puede encontrar el sentido a ello.

Los fariseos o los saduceos encontraban en sus parábolas desafíos a sus enseñanzas. Ellos, sin encontrar el verdadero significado de las palabras de Jesús, sí entendían que representaba una ruptura, un desafío a la tradición judía y por ello fue perseguido. El judaísmo descansaba ayer y descansa hoy en la Ley transmitida por Moisés y transmitida por casi tres milenios de una forma tergiversada por aquellos que tampoco entendieron la misión del propio Moisés. Sin embargo, Jesús no vino a cambiar una sola coma de esa ley, sino a trascenderla. Jesús vino a enseñar a los hijos de los hombres el camino hacia su propia naturaleza cósmica y a recalcar que los tiempos estaban dados para que esta morada del Padre fuese depurada de la maldad que había esclavizado a los hijos del Padre desde los mismos albores de la emergencia de la conciencia en la mente de aquel humano llamado a encontrase en las estrellas.

LA RELIGIOSIDAD DE JESÚS DE NAZARET A LA LUZ DEL CRISTIANISMO

El cristianismo, mejor sería hablar de los cristianismos, han sido deformaciones interesadas del mensaje de Jesús. En el mejor de los casos, en su más incipiente aparición, fue una deformación producto de la ignorancia de la naturaleza cósmica de Jesús. Muchos de aquellos seguidores que escucharon en primera persona el mensaje del nazareno o vieron sus “milagros” jamás entendieron quién era aquel hombre que desafiaba los poderes establecidos, religiosos o políticos, solo a través del amor. Los cristianismos formaron una religión en base a una religiosidad de Jesús que nada tiene que ver con reglas ni tradiciones.

Pero esta religión creada por el cristianismo es una religión humana, no hace referencia ni a la religiosidad de Jesús ni al Espíritu del Padre, sino que fue encarcelando aquel prístino mensaje de amar y perdonar a los enemigos en cárceles conceptuales, en dogmas, en teologías, como si llegar a Dios, al Padre de Jesús, fuese una cuestión de conocimiento intelectual. Aquel amor al que Jesús hace referencia como el camino hacia el Padre, los cristianismos institucionalizados  lo hacen un instrumento de propaganda que nada tiene que ver con sus acciones concretas contra la espiritualidad de Jesús, contra su religiosidad. Obviamente, no hay que confundir la institución cristiana, que prostituyó deliberada y malvadamente el mensaje de Jesús, con los hombres y mujeres que hay dentro de la Iglesia. Muchos de los hombres y mujeres de la Iglesia no solo están en la senda del mensaje de Jesús, sino que son instrumentos para seguir despertando al hombre del sueño de un Dios ajeno al hombre. Pero no podemos tampoco dejar de mencionar que al lado de estos santos de Dios también conviven los aliados del mal, de la oscuridad, de aquello que humanamente se llama demonio y que, en esencia,  solo es el alejamiento de la Fuente, del Padre. Un alejamiento que, en su gran mayoría, es producto del miedo y la ignorancia y no de la libertad de ser.

LA RELIGIOSIDAD DE JESÚS Y SU SEGUNDA VENIDA

La misión principal de Jesús como Enviado del Padre radica en mostrar el camino hacia el Conocimiento mismo del Padre y en advertir que los tiempos estaban dados, que el final de los tiempos estaban dados. La religiosidad de Jesús, como amor al Padre, es el camino para superar los tiempos de la ignorancia y el mal. La religiosidad de Jesús no se alimenta de miedo alguno, sino de conocimiento mismo. Un conocimiento que apunta hacia la misma conciencia humana, que esta llamada a despertar a la conciencia cósmica y, junto a tantas y tantas conciencias cósmicas que habitan otras moradas del Padre, seguir la senda de la vida enseñando el camino hacia otras conciencias que están aún en estadios tan deplorables como del que está saliendo la conciencia humana en estos tiempos.

Sí, la Segunda Venida de Jesús no solo representa el fin de la maldad, sino el comienzo de una convivencia entre las los hombres como conciencias de ser y no solo como entes autónomos, racionales y alimentados por el olvido del Ser. Jesús vino a mostrar que la religiosidad, la espiritualidad que hace buscar al ser humano sus orígenes y que es capaz de preguntarse por el alfa y omega de su existencia, no está fuera, sino dentro de cada uno. A Dios, al Dios del Reino cósmico de Jesús, no es posible encontrarlo sin dejar atrás la ignorancia y el olvido del Ser y para encontrar el Ser que cada conciencia representa solo tiene un camino, el amor y el perdón hacia sus semejantes y hacia toda forma de vida, pues toda forma de vida, como el universo mismo en todo su misterio humano, es fruto de la Conciencia Suprema del Padre. 

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