LA MISIÓN DEL MAESTRO: A QUÉ VINO JESÚS

Jesús de Nazaret es un Enviado del Padre. Este hecho, tantas veces comunicado por el propio Jesús a sus íntimos y a muchos de los oyentes que le seguían, ha sido tergiversado por el poder eclesial. Un poder, no olvidemos, que fue imponiéndose en las estructuras de poder humanas hasta convertirse ella misma, la Iglesia cristiana, en un poder terrenal más, muy alejado del mensaje que vino a sembrar Jesús a los hijos de los hombres, a esta conciencia humana llamada a despertar a su origen estelar y volver a las estrellas ya como hijos de Dios, el Dios de Jesús, Abba, el Dios de amor, perdón y conocimiento. Para dar cuenta, una vez más, de la misión del Maestro (link al programa en YouTube) , vamos a comenzar expresando a lo que NO vino Jesús de Nazaret.

A lo que no vino el Maestro

A LO QUE NO VINO EL MAESTRO: LA MISIÓN DEL MAESTRO Y SUS RASTROS

Jesús no vino a crear una nueva religión y menos aún en forma institucional, como la que fue creándose a medida que el tiempo de su muerte y resurrección pasaba y su segunda venida no llegaba y se iba convirtiendo más en un misterio que en lo que era y es, una certeza. Tampoco vino a reformar la religión judía, la religión de la que bebía el pueblo en donde encarnó. Tampoco vino el Maestro a divinizarse a sí mismo. Jesús, el Maestro de Maestros, enseñaba la divinidad que toda conciencia humana tiene en sí misma por el simple hecho de ser hijos de Dios, pero el Padre no impone su paternidad, no obliga a ser aceptado por la fuerza o por el miedo, sino espera ser reconocido y aceptado por el Amor. El Amor creador por el que la vida y la conciencia fueron “creadas” por Él mismo.  Un Amor que emerge en el hombre cuando es capaz de sacar las vendas que ciegan su espíritu. Esas vendas que forman creencias de todo tipo y que esclavizan al hombre a sus miedos, propios y ajenos, y que le impiden ver con los ojos del alma.  Jesús no vino a sembrar miedos, sino esperanzas. Miedos de todo tipo fueron sembrados por esas iglesias, y sus guardianes, que, sin piedad alguna en tantos casos, se nutrieron de ellos para esclavizar, oprimir y alejar a tantos espíritus de la verdadera senda que conduce al Padre. Predicando amor, sembraban odios. Anunciando cielos, enviaban a sus enemigos a infiernos de todo tipo. Como decía el Maestro, ni entraron ni dejaban entrar en la senda del conocimiento que llevaba a las infinitas moradas del Padre. Jesús no vino a perdonar un pecado original cometido por el primer hombre ni a perdonar pecados que solo hablan de preceptos que sirven para oprimir a unos hombres sobre otros. El pecado al que se refiere el Maestro es el que lleva a alejarse al hombre de sí mismo, de su conciencia, de sus otros hermanos, de las conciencias hermanas y de Dios mismo, la suprema Conciencia del Padre.

Jesús no vino a crear religión alguna ni poder terrenal alguno

LA MISIÓN DEL MAESTRO EN EL PLANETA AZUL

Jesús vino a enseñar a los hijos de los hombres cuál era el camino para entrar en la senda del conocimiento que llevaba a la Casa del Padre. Un conocimiento que mostraría el Reino de Dios que cada conciencia tiene en sí misma porqué de él, del Reino de Dios, procede. Ese camino, el Maestro jamás lo dejó de mostrar y enseñar, es el amor y el perdón. Solo quien es capaz de amar y perdonar con el corazón es capaz de encontrar la senda hacia el conocimiento que encierra en sí mismo el alfa y omega de la Realidad, con mayúscula. No la realidad humana construida en base a la esclavitud a todo tipo de miedos, sino la Realidad que se basa en el conocimiento. La ciencia, cuando bebe de la fuente última, se convierte en conciencia. Jesús vino a abrir la mente humana a ese conocimiento al que los hijos de los hombres están llamados a entrar. Para llegar a las estrellas y crear nuevas realidades, el hombre debe abrir su espíritu al conocimiento. Por otro lado, la misión del Maestro, otra de las misiones del maestro, muy en estrecha relación con lo dicho anteriormente, es la de señalar tiempos ¿Tiempos de qué? ¿Tiempos para qué? Veamos.

La ciencia sin conciencia está vacía

EL FIN DEL MAL Y EL SALTO A LAS ESTRELLAS: EL POR QUÉ DE LA MISIÓN DEL MAESTRO

A Jesús no le comprendieron en el tiempo de su primera venida, lo digo siempre que tengo la ocasión, pues en realidad esa incomprensión también es parte de ese plan cósmico para este bendito y maltratado planeta azul. Jesús vino a anunciar la llegada de otro tiempo, de otra forma de entender el mundo, y de otra forma de entender las relaciones del hombre consigo mismo, con las demás conciencias, con el universo en su conjunto. En otras palabras, el Maestro viene a anunciar otro tipo de conocimiento, no en base a miedos, sino en base a lo que comúnmente el hombre denomina ciencia. La ciencia no es conocimiento, es el camino hacia el conocimiento, pues el Conocimiento es, vendría siendo, humanamente hablando, Dios mismo, el Padre, Abba, al que Jesús ora y del que es un Enviado.

Jesús, el gran desconocido

   Para lograr llegar a ese conocimiento es primordial, esencial, vital, erradicar el mal entre los hijos de los hombres. Un mal, que, como digo siempre, fue sembrado en este planeta y fue muy bien clonado. El mal impide, siempre ha impedido, en este bello planeta azul o en cualquier morada del Padre, la propagación del bien, que, a su vez, es un paso necesario para que el conocimiento, la ciencia, pueda desarrollarse plenamente. El bien, si alguno se pregunta, es la paz, una forma de vivir el tiempo para que pueda sonar al unísono corazón y cerebro, amor y razón. Jesús vino a señalar que los tiempos del mal estaban llegando a su fin y que aquellos que deseasen vivir ese otro mundo por venir, un mundo llamado a abrir su mente y su corazón a las estrellas, deberían primero abrir sus corazones al amor y al perdón.

El Mal está llegando a su fin

    Desde la perspectiva aquí mostrada, que va más allá de lo que humanamente, en mi encarnación, pudiera haber o no aprendido, los tiempos de la Segunda Venida del Maestro se están dando porque el Mal, con mayúscula, se está acrecentando, y sabe que sus días en este bello planeta azul están contados, pero, como digo siempre, no dejará este espacio sin luchar, sin llevarse el mayor número de conciencias que, lamentablemente, seguirán su curso evolutivo, su aprendizaje, en otros infiernos. El infierno humano, clonado entre los hombres durante esta última humanidad, dará paso a un cielo, que nada tiene que ver con los cielos eclesiales, dará paso a otra morada del Padre desde la que poder ayudar a otras conciencias cósmicas que están en sus propios infiernos. El nuevo credo será lo que comúnmente se llama ciencia, pero no la ciencia arrodillada a creencias fallidas de todo tipo, esclavizada para servir a los templos políticos, económicos o religiosos de todo tipo, sino la ciencia abierta al amor por el conocimiento mismo. El Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, es el encargado de abrir a los hijos de los hombres a los nuevos tiempos, a la nueva era. Una nueva era que no tiene nada que ver con etiquetas humanas, tan prestas a ser usadas por creencias fallidas de todo tipo, incluidas las eclesiales, sino con la llegada del Reino de Dios a este planeta azul, a esta bella morada del Padre. Una llegada que, para ser precisos, es un reencuentro, el reencuentro de la conciencia humana con la divinidad que es.

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