LA IGLESIA DE HOY: LA CUARTA NEGACIÓN DE JESÚS

   Comencemos bien. La negación de la vida extraterrestre, inteligente, con conciencia de Ser, no es solo un asunto de las iglesias cristianas, sino de muchas instituciones que se tildan de académicas y de los mismos Estados que actualmente tienen el poder sobre el humano vivir. Este tipo de negación no se basa, obviamente, en lo evidente, en el sentido común, si se quiere,  sino en el miedo a reconocer lo evidente, a saber, que  el hombre, como conciencia de Ser, como criatura inteligente, no está solo en el universo, ni está en un grado de desarrollo para comprender mínimamente lo que humanamente se llama vida, materia, universo.

el conocimiento por llegar
Caminando hacia el Conocimiento,

Cómo surgió la vida en el universo, la conciencia, el universo mismo son cuestiones que ni la fe ni la ciencia de hoy en día pueden responder, sin embargo, niegan que otras conciencias puedan haber llegado a responder dichas cuestiones y vivir acuerdo a esos conocimientos y visitar otros mundo con la ciencia por ellos alcanzada. Sería como si una tribu de la Polinesia de hoy en día, aislada de sus vecinos,  negara que hubiera humanos fuera de su horizonte y encima afirmará que, de haberlos, serían más brutos que ellos. Esta tribu, obviamente, desconocería que la humanidad que habita más allá de su conocimiento, que ya ha pasado el neolítico hace algún tiempo, ha enviado una pequeña nave más allá de su sistema solar en busca de respuestas a sus preguntas sobre el origen de las estrellas, la vida, la materia, etc., etc. Imagínese la cara de un habitantes de esa isla si se le hubiera aparecido Richard Feynman, el físico bromista, bajando en helicóptero  y este le contara, ayudado por el traductor de Google, que había formado parte de un equipo encargado de enviar una nave al espacio. Qué contaría este habitante a su gente y cómo lo contaría y cómo lo transmitirían a las generaciones futuras.

LA LLAMADA DE LOS DIOSES

   La Iglesia cristiana que se forma tras la muerte y resurrección del Maestro bebe del desconocimiento de la naturaleza cósmica de Jesús simple y llanamente porque lo sobrenatural en aquel entonces pertenecía, dentro del judaísmo como en otras culturas, al misterio, a lo divino, a una razón encerrada en la ignorancia y controlada por los guardianes de la fe. Una ignorancia que no solo abarcaba hacia fuera del hombre, sino hacia dentro. Narraciones  que dan cuenta del nacimiento del universo, de la tierra misma, del hombre, llenan las tradiciones de milenarias culturas, incluso la judía. Los cristianos creacionistas, alimentados por el canon judío, no dejan de pelearse con los evolucionistas por el Génesis, por ejemplo. En los tiempos modernos y bajo la lupa de una ciencia que limita el conocimiento a unos parámetros demasiado estrechos, se ha querido leer esas narraciones como mitos, fantasías de aquellos habitantes y que, de un modo u otro, fantaseaban con los primeros albores de una consciencia que se preguntaba por su lugar en el mundo.

von daniken
Autores que han desafiado las posiciones oficiales

Autores modernos, los que defienden la idea de los dioses como antiguos astronautas, entendiendo la ciencia bajo otros cánones no oficialistas, también han propuesto con total sentido común que esas narraciones quizá no sean fruto de antiguos escritores de ciencia ficción, sino que responden a la visita a la tierra de seres de otros mundos. Los dioses de antaño no serían más que seres de otros mundos que visitaban la tierra por algún tipo de interés. Lo obvio se convierte en las sociedades modernas en fantasías ¿Por qué? ¿A quién interesa mantener las mentes ocupadas en preocupaciones más mundanas, como la supervivencia diaria, antes que estar ocupadas en desvelar los orígenes del hombre? ¿Qué representaría el conocimiento certero de que el ser humano no es un producto aleatorio surgido de un caos que el tiempo ordenó y dio lugar a eso que se llama vida? ¿Qué representaría la certeza de que un mundo extraterrestre, acorde a una Conciencia común, guiada por el conocimiento, respeto y amor mutuo, fuese posible en este pequeño planeta azul?

EL CONOCIMIENTO COMO ESCLAVITUD FRENTE AL CONOCIMIENTO COMO LIBERTAD

   Jesús de Nazaret no vino a redimir al hombre de pecado alguno. La noción de pecado y la naturaleza divina de Jesús, que los diversos cristianismos hicieron resurgir tras su muerte y resurrección, no es más que una reinterpretación basada en una “visión” de la deidad acorde a un manual, el llamado Antiguo Testamento, que poco o nada tiene que ver con la deidad a la que Jesús habla y nombra como Abba. Jesús no vino a cambiar la tradición judía, sino a trascenderla.

El origen
Jesús no vino a cambiar el Viejo Testamento, sino a trascenderlo

Negar que el Dios de Jesús es distinto del dios judío, que ya desde muy temprano varios autores cristianos afirmaron y por ello fueron condenados como herejes, no es más que ver a Jesús con los ojos de una teología que fue acomodando la figura del Maestro para el beneficio de una institución terrenal que iba tomando peso a lo largo de los siglos, la santa madre iglesia. El conocimiento sobre Jesús y el universo que iba surgiendo de estas teologías de la esclavitud nada tiene que ver con el Conocimiento que vino a sembrar Jesús a través de su sencillo mensaje, ama a Dios sobre todas las cosas y al hombre como a ti mismo. El conocimiento que vino a sembrar Jesús se basa en el conocimiento que tiene él mismo del mismo Padre, Abba. El conocimiento que vino a traer Jesús se basa en el conocimiento del Reino que él posee porque de dicho Reino viene. Jesús no se cansó de repetirlo, su Reino no es de este mundo.

mirando las estrellas
Descubriendo las proximidades del universo

Las teologías cristianas fueron convirtiendo este Reino en una entelequia, en un galimatías conceptual, en un cielo que nada tiene que ver con el vacío y la energía que impregna el vacío mismo a través de un universo en constante expansión. El Reino de Jesús es parte del universo mismo. Ese universo que, hoy por hoy, va descubriendo telescopios como el Hubble y que próximas generaciones podrán ir tras sus huellas.

¿SABE LA IGLESIA CATÓLICA DE HOY DÍA DE LA NATURALEZA CÓSMICA DE JESÚS?

   Giordano Bruno, el monje dominico que creía en infinitos mundos, fue quemado en la hoguera  en el año de 1600. La iglesia católica tardó 400 años en pedir perdón por su error y horror, pues para quien tiene a Jesús como bandera, es imposible imaginar los diabólicos métodos de la Inquisición, lo de santa sobra por decoro y respeto a las víctimas.

Galileo buscando el infinito
Galileo corrió mejor suerte que Giordano Bruno, el monje de los mundos infinitos

Galileo Galilei, que a muchos jóvenes milenials  les sonará por la famosa canción de Queen, también fue condenado por la iglesia católica por sus posiciones astronómicas, pero corrió mejor suerte si entendemos por ello que no fue quemado. La Iglesia tardó 359 años en asumir el error. Viendo la lentitud de la iglesia católica en asumir sus errores, no es de extrañar que hoy, en pleno siglo XXI y con una guerra mundial por etapas, como se refiere el papa Francisco a las caóticas relaciones humanas y de Estado de nuestros años, la Iglesia, digo, sepa de la naturaleza cósmica de Jesús. No solo lo sabe, sino que miserablemente calla. Sí, los telescopios del Vaticano del monte Graham o de Castel Gandolfo no apuntan el firmamento nocturno por hobby, por amor al conocimiento que un día persiguieron, ni para inspiración de algún vate con sotana, sino porque tontos no son y lo obvio y evidente está a la vista de los que quieren ver más allá de las creencias y tradiciones que limitan el conocimiento. Si el Vaticano dijera abiertamente, tanto a sus feligreses como a sus sacerdotes y al mundo en general, sobre la naturaleza cósmica de Jesús y sobre el Reino que aguarda a los hombres, el Reino de la Luz, del Conocimiento, y que el cielo e infierno no son más que bobadas heredadas de una teología endemoniada que solo buscaba sembrar terror para dominar a los hombres, no solo caería la careta de una institución eclesial, sino que en su caída arrastraría a muchas otras instituciones no religiosas.

Lo saben y callan
Qué busca Lucifer, el telescopio del Vaticano en el Monte Graham,

No es de extrañar que el poder, y la iglesia católica no deja de ser un poder terrenal, le vea las orejas al lobo cada vez que alguien dice haber visto un platillo volante por no decir cuando dice alguien haber tenido encuentros con estos hermanos de las estrellas. Los diablo no gustan dejar los infiernos que han creado para su propio beneficio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *