JESÚS Y SU RETORNO: SEÑALES PARA CREYENTES E INCREYENTES

   Hablar de Dios desde la racionalidad humana es, en el mejor de los casos, un atrevimiento mordaz, pero,  por líneas generales, las teologías hablan de Dios desde su aspiración a mantener el yugo y el control sobre las masas humanas, sedientas de conocer su origen y demasiado gregarias y vulnerables a la manipulación a la hora de valorar y comprender la verdad que esconden dentro de sí. Las religiones, como instituciones, flaco favor hicieron a la especie humana para alcanzar tal fin del conocimiento que liberara a la conciencia humana de sus ataduras ancestrales. Las religiones solo han servido para sembrar y mantener miedos de todo tipo a la par que se han servido de los diversos instrumentos de poder, político y militar, para, en una relación incestuosa, mantener la esclavitud mental del hombre y la explotación de unos hombres sobre otros. Una esclavitud y una explotación  que están llegando a su fin. Sí, Jesús no vino a redimir al hombre de pecado alguno, ni a sellar nuevas alianzas, como si el Reino de Dios fuese una mala copia de los reinos humanos, sino a ratificar que los perniciosos tiempos humanos, donde la mayoría de los hombres se mostraban y se muestran incapaces de reconocerse en sus hermanos, estaba llegando a su fin. El Reino de Dios que anuncia Jesús lleva al conocimiento del Padre, al sagrado espacio de la Conciencia de la que mana todo conocimiento, toda energía, toda plenitud, todo vacío. El Reino de Dios es, para el Enviado del padre, Jesús, una nueva forma de ver, entender, amar y convivir en el universo que la conciencia humana debe interiorizar so pena, de no lograrlo, seguir en infernales relaciones y formas de vida. Sí, el infierno no está en espacio alguno, sino es la mente de toda conciencia que se ha alejado de su raíz, de la divinidad que es. Los tiempos humanos no los dicta el azar, sino la sincronía con los tiempos del universo.

La Segunda Venida de Jesús no es un cuento de ciencia ficción, es una realidad anunciada a punto de manifestarse

   La segunda venida de Jesús no es una adivinanza, ni es fruto de una venganza divina contra esta especie humana incapaz de reconocerse como hijos de las estrellas, sino es la culminación de un ciclo que debe dar paso a otro reino humano, a otro Hombre.

LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS PARA LOS CREYENTES

   No hay una forma común, colectiva, de sentirse cristiano, de entender la figura de Jesús y beber su mensaje de amor, perdón y paz. A Jesús, cada cual lo ve y lo ama a su manera porqué su capacidad de aglutinar en torno suyo a todos aquellos que ya han bebido del conocimiento del infinito, no tiene parangón. Los hijos del Padre, los llamados a creer en el amor y el perdón como camino hacia el conocimiento, se reconocen más allá de todas sus diferencias. Los hijos del Padre transitan por los cielos del universo ayudando a las “nuevas” conciencias cósmicas a comprender su origen, que es el de todos. Los hijos del Padre no hacen la voluntad del Padre por temor, sino por amor. No hay forma de “recorrer y sentir” el infinito si no es a través de la finitud de la conciencia encarnada. No hay forma de entender los miedo si no es a través de sentirlos como no hay forma de superar los miedos si no es a través de amar a quien te odia. No hay forma de llegar al conocimiento si no es a través de negarse a sí mismo para llegar a la fuente, al origen, al Padre. El Reino del Padre, del que Jesús anunció su instauración en este bellísimo planeta azul, es el Reino del Conocimiento y comienza con el reconocimiento de los hijos de los hombres como hijos de las estrellas. No se trata de un ejercicio de imaginación, ni de ciencia ficción, sino de humildad. El engreimiento del que se nutre la racionalidad humana debe dar paso al sentido de hermandad cósmica.

¿Importan las señales o cumplir con el mensaje de amor y perdón del Nazareno?

LA SEGUNDA VENIDA DE JESUS PARA LOS INCREYENTES

   Hay muchos increyentes que conocerán el nuevo Reino porqué para llegar al Reino del Padre no hay que gritar como posesos el nombre de Dios, mucho menos cumplir la letanía de mandamientos que tantas instituciones religiosas imponen a sus fieles, sino cumplir con las sencillas predicas del Nazareno, ama a Dios sobre todas la cosas, es decir, ama al Conocimiento como Origen y Fuente de todo  y al prójimo, es decir a todas las otras conciencias conscientes de Ser,  como a ti mismo. Jesús no vuelve para “salvar” a los que lo conocen a través de sus creencias, ni para salvar a los ricos o a los pobres, a los afligidos o a los indiferentes, sino a los que, más allá de su condición de hombres y sus diferencias, han sabido reconocerse como hijos de Dios. Reconocerse no solo a sí mismos como hijos de Dios, sino a toda conciencia, a todo hermano que comparten este espacio del universo, la Tierra. Reconocerse en el otro es ayudar al otro en todo lo que esté en nuestra mano y no solo ayudar a quien ve el mundo como yo lo veo o comparte mis mismos valores humanos, demasiado humanos.

No busques a Jesús dentro de los dogmas de las iglesias, sino en el corazón que ama y perdona a toda conciencia de ser

   Los increyentes suelen ver y entender a Dios a través de los ojos de los creyentes y, por consiguiente, rechazan esa conceptualización demasiado banal de Dios mismo. Un dios demasiado humano.  Para Jesús, Dios, el Dios al que ora, el Dios que lo ha enviado, es Amor. En el Amor y por Amor la conciencia humana será capaz de crear y recrear toda su realidad. Los tiempos de la mentira están llegando a su fin. Los miedos inoculados a través de mil y una creencias fallidas y a través de los eones darán paso a la libertad de Ser, al desarrollo del hombre como una conciencia cósmica y como un Ser que comparte con el Origen, con Dios mismo, esa capacidad de crear cada vez que usa el amor como forma de interactuar entre él y las demás conciencias y entre él y todo el universo vivo que impregna el universo.

El miedo crea fronteras, el amor las trasciende

   Muchos no pueden entender el significado de ser Uno, de la Unidad que hace vibrar al conjunto de conciencias que pueblan el infinito universo, y no lo pueden entender porque solo pueden verse a sí mismo como separados del Todo, solo pueden ver los límites de sus sentidos y su racionalidad y no la trascendencia del Amor. Pero ser o no creyente, a la manera tradicional, dentro de una determinada corriente religiosa, sea o no cristiana, no es determinante ni vinculante para ser parte de ese Reino que Jesús inaugurará en su Segunda Venida. Puedes creer o no en Jesús de Nazaret, puedes o no creer en su Segunda Venida, puedes o no creer en ser parte de un universo anegado de vida y conciencia por doquier, pero más allá de lo que podamos o no creer, el Amor siempre es. Jesús es Amor y el Dios de Jesús, el Padre, Abba, es la Fuente del Amor.

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