JESÚS DE NAZARET Y LAS MUJERES

El Jesús del que hablamos, y anunciamos por este medio, no es el Jesús histórico, es decir, el Jesús rescatado de la historia a través de los estudiosos de ramas tan distintas como la filología, la exégesis testamentaria, la paleografía, la arqueología bíblica, la propia historiografía, etc., ni tampoco es el Jesús de la fe de las iglesias, ese Jesús teológico, sometido en libros y a conceptos que solo han servido para alejar más a los seres humanos de la esencia del Maestro, pues importa más para sus guardianes la obediencia ciega a, en muchos casos, absurdos dogmas y mandatos, que encontrar cada quien la esencia del Maestro en la intimidad de sus vidas y en la relación con las demás conciencias. Estos guardianes de la fe siempre han preferido, por líneas generales, pues siempre hay excepciones a la regla, mantener unas iglesias llenas de seres temerosos y adictos a miedos de todo tipo a mostrar y enseñar que para encontrar a Jesús no hace falta ni templos ni guardianes.

El Jesús que conozco no es de este mundo

Para llegar al Jesús que conozco solo hace falta estar abiertos al amor y al perdón. Para llegar al Jesús que conozco solo hace falta vivir compartiendo y no compitiendo y mucho menos sometiendo. Para llegar al Jesús que conozco la mejor forma de hacerlo es a través de recordar quienes somos, de dónde venimos, a qué venimos y a dónde vamos. Para llegar al Jesús que conozco hay que mirar hacia el cielo y ver las estrellas como lo que son, moradas del Padre llenas de vida y de conciencias. Para llegar al Jesús que conozco y su relación con los hijos de los hombres y, obviamente, con las mujeres, no se puede olvidar su carácter de Enviado.

EL JESÚS ENVIADO

Jesús es una conciencia enviada a señalar tiempos, los tiempos para el renacer humano a otra humanidad. Los tiempos del mal se están agotando en esta bella morada del Padre. No es el momento de profundizar en decir qué es o no es una conciencia, pero, para nuestro humilde ver, Jesús, sin duda alguna es la mayor conciencia que ha encarnado entre los hijos de los hombres. No fue un profeta al uso, es decir, hombres contactados por otras conciencias cósmicas, por los más diversos medios, psicofonías, visiones, sueños, etc., para comunicar un mensaje a los hijos de los hombres, sino es una conciencia cósmica que se adapta a un ADN humano. No es algo novedoso, ni mucho menos, es conocimiento, sí, conocimiento, o lo que humanamente se llama ciencia, pero una ciencia, obviamente, no contaminada de creencias fallidas e ideologías que no buscan compartir lo alcanzado, sino someter con el conocimiento alcanzado a otras conciencias. Pero no nos desviemos, para entender al Jesús Cósmico, como para entender su relación con las mujeres, hay que entender que nació como humano, como hombre, independientemente de otras “cualidades” que le pudiera hacer parecer como alguien sobrenatural a los hijos de los hombres. Es importante entender esto, como digo, si queremos comprender en su justa medida la relación del Maestro con las mujeres.

El Jesús que conozco tiene la misión de rescatar a los hijos de los hombres del mal

EL JESÚS HOMBRE

El Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, sintió hambre, sed, frío, calor, etc. Jesús no era ajeno al mundo de las sensaciones humanas, si fuera así ¿cómo podría experimentar en “carne propia” la fragilidad humana, la desolación, la confusión, el miedo y tantas otras sensaciones, incluidas, obviamente, las más elevadas? Solo el hombre Jesús puede señalar a las conciencias humanas el camino a la “salvación”, pero no a la salvación que conquista el mundo, sino la salvación que lleva a la conciencia a encontrarse a sí  misma más allá del mundo, más allá de los sentidos. El Jesús hombre no vino a vencer a las sensaciones, sino a mostrar el camino a la verdadera esencia humana, su conciencia. Pero, entonces, se preguntarán los más susceptibles ¿era un santurrón? Repito, desde otra óptica, la misión de Jesús entre los hombres es una cosa y su encarnación humana otra. Esta visión de un Jesús convertido en un dios puritano, ajeno al sentir humano, desde el placer al llanto, es una visión teológica, construida por intereses mundanos, que nada tiene que ver con la naturaleza encarnada del Maestro.

Jesús de Nazaret, el Maestro de Maestros, nace como hombre

Pero esto no es algo nuevo, en los mismos evangelios oficiales hay escenas donde increpan al Maestro estar gozando, divirtiéndose, entre gentes “incorrectas”. Otra cosa, muy distinta, es el hecho de que todo lo que el Maestro realizaba lo hacía desde la más elevada conciencia de amor. Cuando compartía no esperaba única o principalmente saciar o mitigar sus sentidos, sino buscar siempre la esencia del amor a través incluso de las limitaciones de los sentidos. El amor va más allá de una caricia, aunque una caricia sincera puede ponerte en el camino del amor. Jesús, el Maestro de Maestros, no busca el placer que se limita a los sentidos, sino que lo trasciende, pero no para negar aquellos otros o no experimentarlos encarnadamente, sino para enseñar a los hijos de los hombres que el camino hacia la casa del Padre no está limitado por lo que humanamente podamos sentir o dejar de sentir, sino que el camino a casa, a la Casa del Padre, pasa por entrar en la senda del conocimiento.

LAS MUJERES Y JESÚS

Repito, la Conciencia Jesús nació como hombre y como hombre, más allá de sus misiones, vivió como ser     humano y todo lo que implica emocionalmente. Es más, para una conciencia como la del Maestro, toda experiencia humana conllevaba experimentarla siempre desde su misma condición de Conciencia iluminada y como conciencia enviada. No podemos olvidar el carácter de Enviado del maestro si no queremos distorsionar más la imagen de su esencia y misión.

El nombre de su primer amor: Isska

   Las mujeres que acompañaron al Maestro, tanto en su vida pública como en su tiempo de espera antes de comenzar con su misión, fueron muchas. Hoy en día hay una preocupación mundana por saber cosas anodinas, como si el Maestro se enamoró humanamente hablando, si se casó, enviudó, si tuvo una vida sexual activa o no, si dejo hijos o no, etc., etc. Repito, el Maestro nació como hombre, aunque sea una conciencia enviada de las estrellas. Y aunque históricamente hayan llegado nombres como el de Salomé, María Magdalena, Rebeca, etc., etc., el Maestro no se enamoró por vez primera a los treinta y pocos años. Pensar eso sería olvidar que Jesús tuvo una vida común antes de dar cumplimiento a su misión cósmica. Otra cosa distinta es preguntarse si algunas de las mujeres que acompañaron al Maestro en esta última etapa de su encarnación humana tuvo alguna relación más íntima con el Maestro. También sería lícito preguntarse por aquellos amores de juventud o de primera madurez del Maestro ¿Cuál habría sido el primer amor del Maestro? ¿qué habrían sido de aquellos primeros amores de juventud? ¿Acaso alguna de esas mujeres que le acompañaron en su última etapa ya venía acompañándolo de otros períodos de su vida?   

El nombre del último amor: Rishona

   Jesús, el Maestro de Maestro, vino a cumplir con una misión del Padre, sacar a los hijos de los hombres de su letargo cognitivo, sacar a los hijos de los hombres de la cárcel del mal. Su vida privada, como la de cualquier hombre, le pertenece a él y a todas las personas que compartieron con él.

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