JESÚS DE NAZARET EN EL FIN DE LOS TIEMPOS ¿MESÍAS O ENVIADO?

Antes de profundizar en el tema de hoy, permítanme expresar algo que consideramos esencial. No importa cómo vean al Maestro mientras caminen a su lado y para caminar a su lado solo tienen que poner en funcionamiento en sus corazones las dos fuerzas primigenias del universo, a saber, el amor y el perdón. Aquel que es capaz de construir su vida, su día a día, su biografía, en torno a estas dos fuerzas, sin condiciones, camina al lado del Maestro. Es más, lleva al Maestro dentro de sí. Aclarado esto, comencemos.

El Maestro de Maestro, el Enviado de las Estrellas

MESÍAS FRENTE A ENVIADO

Para dar cuenta de la naturaleza del Maestro en su Segunda Venida, en estos finales de los tiempos, debemos adentrarnos en otro de los errores del cristianismo oficial, del cristianismo terrenal, esa fuerza teológica-política vestida de hábitos que tergiversó el Espíritu del Maestro. Este error descansa sobre la noción de Mesías. El mesianismo judío no es un concepto que vino fijado desde la noche de los libros bíblicos de una manera unívoca. El concepto de mesías, de ungido, fue evolucionando también dentro del judaísmo. De representar alguien o algo “especial”, un “tocado por Dios” o un objeto o lugar “sagrado”, que merecía, por sí mismo, ser considerado como alguien o algo de una “naturaleza”, como digo, especial, pasa a ser considerado como alguien que Dios enviaría para dar cuenta de su promesa al pueblo elegido. Esa promesa que haría de Israel el centro del mundo para gloria de Dios. El Dios de Israel, frente a dioses extranjeros, mostraría todo su poder al pueblo de Israel si y solo si cumplían a rajatabla sus preceptos. Y en esta línea sigue el pueblo judío, gran parte de él, esperando a su Mesías.

El concepto de Mesías también evolucionó dentro del judaísmo

EL MESÍAS JUDÍO EN TIEMPOS DE JESÚS

Ya en tiempos de la primera venida del Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret, se esperaba, al menos por una parte del pueblo de Israel, un doble Mesías, uno político, libertador, y otro rabínico, educador, espiritual, que diera cuenta de la gloria de Dios y ratificase frente a este la sumisión del pueblo elegido al acatar con plena consciencia sus mandatos. Al Maestro de Maestros, aquellos primeros elegidos para que fuesen sembradores del mensaje de Jesús, lo mal interpretaron y vieron en Jesús esa figura esperada por el pueblo de Israel. No podía ser de otro modo porque, tal y como el mismo Maestro les insinuaba en bastantes ocasiones, ellos no estaban preparados para escuchar la verdad llegada de las estrellas, no estaban preparados para escuchar que el Dios de Jesús nada tenía que ver con el Dios reverenciado y temido por el pueblo de Israel. El por qué Jesús nace entre el pueblo de Israel ya lo hemos tratado, y seguiremos tratando, en algunos programas, pero, para nuestro post de hoy, podemos decir que Jesús no nace entre el pueblo elegido como el Mesías anhelado, esperado y aclamado por el pueblo judío, sino como el Enviado del Padre. El cristianismo oficial hizo de Jesús el Mesías, del mismo modo que hizo del Dios judío su propio Dios, en un principio por ignorancia, luego por intereses más mundanos, más cercanos al poder terrenal que se construyó en nombre de Jesús.

En los tiempos de Jesús, el pueblo judío aún no estaba preparado para escuchar la verdad llegada de las estrellas

EL ENVIADO DE LAS ESTRELLAS

El Maestro Jesús, el Maestro de Maestros, lo dejó aclarado a sus oyentes “No soy de este mundo”, “a donde yo voy, vosotros no podéis ir ahora”, “si conocieseis a Dios, me conoceríais a mí, pues yo procedo de Él…soy un Enviado de Él”. Jesús, como decimos siempre, nunca se divinizó a sí mismo y si toleró que pensarán de él como el Mesías judío, simple y llanamente obedece a que lo importante para él era dejar sembrado su mensaje: la llegada del Reino de Dios a esta morada del Padre, el fin del mal entre los hijos de los hombres y el camino a seguir para llegar a las estrellas, el hogar de tantas conciencias, a saber, vivir bajo la brújula del amor y el perdón. El Maestro sabía muy bien lo que harían con su naturaleza humana “muchos vendrán en mi nombre” y, como dije líneas atrás, no podrían entenderlo. Entre otras cosas porque el anuncio del fin de los días, si bien fue proclamado para que todo el mundo en toda época estuviera alerta, velando, y caminando hacia la conciencia que es, estaba más dirigido a los llamados a vivir en primera persona esos tiempos del final de los tiempos, que, recordemos, es un renacer. El libro a abrirse en esos finales de los tiempos, aludido tanto por el profeta Daniel como por Juan en el apocalipsis, y que daría cuenta de la verdadera naturaleza humana y su conexión con otras conciencias cósmicas, ya despiertas a su genuina esencia, sería los propios mensajes que se esconden entre los relatos de la Torá. De ello ya hemos hablado en otros programas, pero es importante resaltarlo porque en ellos también, no podía ser de otro modo, se habla de la misión del Enviado como el liberador del mal entre los hijos de los hombres.

Hoy, en estos finales de los tiempos, la verdad saldrá a la luz

JESÚS EN LOS FINALES DE LOS TIEMPOS

La misión del Maestro, como Enviado del Padre, no culminó con su primera venida, con su muerte y resurrección, sino que llegará a su apogeo con su Segunda Venida. En el final de los tiempos, que, volvamos a recordar, es un renacer, en los finales, decimos, el Maestro llegará y mostrará a los supervivientes el camino hacia otro mundo, hacia otro conocimiento, hacia otra humanidad, no basada en los miedos, en la opresión de unos hombres sobre otros, en el sinsentido de la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno, en el sinsentido de la indiferencia hacia la madre tierra, la naturaleza, y las demás formas de vida que conviven en ella, sino en el conocimiento. Un conocimiento que, como decimos siempre, llevará a los sobrevivientes, de la mano de otras conciencias cósmicas, a volver a escribir la historia de los hijos de los hombres. Una historia ya alejada de los infiernos humanos que bebieron y vivieron de las aguas del mal, del alejamiento de las conciencias del Amor del Padre.

La Verdad no juzga ni a vivos ni a muertos. La Verdad libera la mente de los miedos sembrados en ella

   Jesús, en estos finales de los tiempos, no viene a juzgar a vivos y muertos, tal y como se intenta mostrar en las teologías cristianas, sino a mostrar el nuevo camino del hombre. El ser humano, junto a otras conciencias cósmicas, entrará ya en otros tiempos y con otros quehaceres. Tiempos y quehaceres que estarán directamente conectados con esa capacidad creadora que tiene toda conciencia cuando está con plena consciencia de sí misma. La Fe mueve montañas, dice el Maestro y la fe, en una primera instancia, es conocimiento, conocimiento de sí mismo. Jesús, en estos finales de los tiempos, mostrará ese camino hacia la plena comprensión de la conciencia. Muchos son los llamados, pero poco los elegidos, pero no porque el Padre o el Maestro tengan tirria a los hijos de los hombres, sino porque saben muy bien que el yugo de las creencias humanas no es fácil de soltar. Muchas culturas enseñan a odiar a quienes tildan de enemigos, a darles muerte, a borrar su descendencia de la memoria humana, y lo hacen con creencias maquilladas de verdades humanas y lo enseñan y transmiten con mucho “amor”. Jesús, en estos finales de los tiempos, viene a enseñar a los hombres la verdad que está en las estrellas, esa verdad que un día les dio la “vida”, y a mostrar el camino hacia el amor, el amor que no incita al odio, ni a la venganza, sino que al asumirlo es capaz de crear realidades insospechadas. Ese amor que llama al conocimiento, al respeto a toda conciencia, por muy alejada que esté de las nuestras, y asumir cada experiencia vivida como un presente de Dios y para Dios. El Amor no se impone, se asume como la guía para crear y recrear la vida. El Amor, enseña el Maestro, es encontrar a Dios en todo y en todos.

APÉNDICE AL JESÚS DEL FINAL DE LOS TIEMPOS

En estos tiempos de pandemia quiero recordar que Jesús se hará presente y lo hará en cada acto de amor que el ser humano logre realizar con su prójimo sin mirar sus intereses o creencias. En estos tiempos de finales de los tiempos, el mal se intensificará, y el miedo se apoderará más y más abiertamente de los seres humanos. La tendencia para afrontar estos tiempos será mirar más hacia el sí mismo, pero no para encontrar la conciencia de ser que representa todo ser humano, sino para refugiarse en sus zonas de confort y olvidar lo que aflora y aflorará a su alrededor. En estos tiempos de finales de los tiempos, la tendencia será abandonar la máxima del amor y el perdón, pues se verán como actos frágiles e ineficaces para luchar en este mundo condenado por el mal, pero quien se mantenga firme en las enseñanzas de Jesús verá otro mundo resurgir de las cenizas de este mundo. Vencerá a la muerte y el conocimiento lo acompañará vida tras vida.

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