EN DEFENSA DEL JESÚS CÓSMICO

Comencemos bien. Para leer este post se debe tener dos condiciones previas. Una, la más obvia, es conocer, aunque someramente, la figura de Jesús de Nazaret como una figura histórica. A un chino que vive encerrado en su mundo y que solo habla chino mandarín y desconoce cualquier referencia a Jesús, le puede sonar lo que aquí se dirá a vascuence o, si cabe aún más complicado, a yucateco.

Superando creencias fallidas
Trascender creencias ajenas y asumidas como propias, requiere un esfuerzo

La segunda condición es mantener una actitud mental alejada de las creencias que le han podido inculcar sobre tan excelsa figura. Por mucho tiempo se creyó que este planeta era plano (y aún hoy en día hay muchos que, contra la misma evidencia, así lo sostienen) y no por ello la tierra dejó de ser esférica. Las creencias son propiedad inalterable de quien las  tiene hasta que, por propia voluntad, cambie hacia otras o modifique las que tiene. Las creencias no se pueden imponer aunque son fácilmente absorbidas por el ser humano. Cambiar de creencias es una tarea digna de nuestra humanidad creadora y no es un trabajo fácil. Las creencias son pautas de comportamiento que se convierten en hábitos y todos, o casi todos, sabrán lo que puede significar cambiar de hábitos por muy saludable que fuese el cambio. Dejar el hábito de fumar o la ingesta desmedida de dulce son ejemplo de lo que estoy escribiendo. Pues cambiar las creencias, o al menos ponerlas en entredicho, sobre nuestra realidad, sobre la tradición, no deja de ser menos complicado. Aclarado esto, vayamos al asunto que nos concierne hoy.

EL DIOS DEL JESÚS CÓSMICO

   Sobre la naturaleza de Jesús se viene hablando y desdiciendo desde su mismo paso por la Galilea en tiempos de Herodes Antipas. Sus discípulos directos, los apóstoles, entre los que se encontraban hermanos biológicos del Maestro, a quienes de una u otra forma él mismo eligió, admiraban la naturaleza benevolente de aquel ser que estaba rompiendo con la tradición del pueblo judío de entonces. Jesús, el Jesús cósmico, es cierto, no vino a cambiar la tradición judía de entonces, como sostienen todos aquellos académicos que lo ven solo como un judío radical de su época, vino a trascenderla.

Salto a las estrellas
Jesús de Nazaret vino a trascender las tradiciones humanas

El mensaje de Jesús, la esencia de su mensaje, ama a Dios sobre toda las cosas y al prójimo como a ti mismo, no estaba diseñado para un mundo, dentro o fuera del judaísmo, en el que Dios, o un panteón de dioses, era el mayor de los déspotas con algún momento de condescendencia si sus criaturas eran obedientes, sumisas, y cumplían al pie de la letra lo que les ordenaba. El Dios de Jesús, el Dios del que habla Jesús, el Dios del que predica Jesús, nada tiene que ver con la deidad tradicional  judía o con cualquier otra de los distintos pueblos de la época. El Dios, el Abba de Jesús, es Conocimiento mismo y no se reducía a un conocimiento parcial del mundo, a una interpretación del mundo, una interpretación siempre sesgada desde la óptica de que parte de una razón que es limitada, sino es un Conocimiento que apunta hacia el mismo Padre, hacia la Fuente. Viene a decir Jesús que todo aquel que beba de su agua, de su predica, de su conocimiento, no solo no gustará de la muerte, sino que habrá entrado en el Reino de Dios, en el Reino del Conocimiento. Nadie llega al Padre si no es por mí, añadía el Nazareno cuando predicaba entre aquellas mentes obtusas y lo que venía a comunicar es que él mismo era el conocimiento que llevaría a los hombres a su nueva morada, a una nueva conciencia de sí mismo y, para lo que nos concierne hoy, una nueva conciencia del hombre con respecto a las otras conciencias del universo.

EL UNIVERSO DEL JESÚS CÓSMICO

   Negar hoy la inmensidad, por no hablar de la infinitud, del universo y, encima, creer que las formas de vida de la tierra y la conciencia humana están solas entre tanta semejanza al terruño terráqueo es tener una mente más obtusa que las que acompañaron al nazareno en su primera venida sobre este planeta.

El universo
El universo se vive en y desde cada Galaxia

Negar que la vida es eterna, que la muerte humana es un cambio de carcasa, es seguir viendo la información que es y habita en cada conciencia, que evoluciona en una danza sin fin, que se expande por todo el universo a la vez que hace expandirse al mismo universo, con los mismos ojos de una mente racional que “emergió” en el mundo limitada a sus “engañosos” sentidos. Las creencias que nacen de la razón, de los sentidos humanos, no pueden apuntar a las estrellas so pena de perder el poder terrenal que ciertas consciencias maliciosas han elaborado para esclavizar a los hombres a sus miedos. Solo quien es capaz de beber de la fuente de las enseñanzas de Jesús, del Jesús cósmico, que, no olvidemos, son muy sencillas y que nada tienen que ver con las interpretaciones oficiales de una Iglesia que emergió para ser un conductor, un canal, para propagar el mensaje de Jesús, aunque haya sido al precio de haber traicionado su misma esencia, solo quien es capaz de trascenderse a sí mismo, digo, y a su tradición, es capaz de entrar en el reino de otro conocimiento, no el que te llevará a seguir siendo esclavo de tus creencias, sino de aquel que te liberará de ellas para que puedas vivir en plena conciencia de Ser.

Búsqueda del Conocimiento
Túnel hacia la naturaleza cósmica de Jesús

El problema de las mentes racionales que beben solo de lenguajes parciales, simbólicos, artificiales o tautológicos, construidos solo  para entender pequeñas parcelas del mundo, es que se convierten a sí mismas en sus propias cárceles. Negar el crecimiento hacia otras formas de consciencias que lleven a la Conciencia única que somos, es negar el camino a casa, no el que lleva a la primera arqueobacteria, sino el que lleva al cosmos, en dónde Jesús tenía y tiene su Reino. Olvidar que Jesús es un Enviado no de un dios despótico, sino de un Reino que ya había transitado hacia el Conocimiento del Padre, del origen, de la Fuente, es olvidar lo que somos, hijos de las estrellas, hijos del Conocimiento, del Universo mismo.

LA SEGUNDA VENIDA DEL JESÚS CÓSMICO

   Se puede seguir acariciando la idea de que Jesús es un concepto teológico, construido por una tradición, la Iglesia cristiana, en esencia la Católica, si esto hace que cada cual sea mejor consigo mismo y con sus semejantes, pero esto no significa que el Jesús cósmico, el Jesús que vino a enseñar que el único camino al Padre es conocer no el mundo, sino lo que da pie a que haya un mundo, a saber, el amor y el perdón, las dos fuerzas que hacen vibrar al mismo vacío cósmico, es el futuro por venir.

Tiempo del cambio
Las señales están dadas

La segunda venida de Jesús no se dará en medio de la ignorancia de un pueblo que bebía de mitos que iban horadando sus consciencias, sino que se está dando en tiempos donde el salto hacia el conocimiento del cosmos es palpable y, no olvidemos, guiado por consciencias  cósmicas que ya han pasado por el despertar que aguarda al hombre. Es innegable que la raza humana vive y mantiene unas relaciones sociales basadas en el miedo y que el tiempo dedicado a sobrevivir en medios de tantos horrores o a evadirse de ellos en mil formas de consumo, no son caldo de cultivo para dedicar el tiempo a verse a sí mismos como lo que son, hijos de las estrellas y de un Dios, como Jesús anunció, que solo sabe de Amor, pues el Amor es capacidad de crear, capacidad de Ser.

EL JESÚS CÓSMICO Y LOS MILENIALS

   Unas últimas palabras, para los milenials, sobre el infierno, el cielo, el mal, el bien, la muerte, la eternidad y todos esos conceptos que no son digeribles en estos tiempos de tabletas, Netflix y relojes inteligentes.

Tú eres tu propio infierno
El cielo o el infierno solo son símbolos hacia un nuevo Conocimiento

El cielo o el infierno no existen como algo físico, como un espacio tiempo al que algo debes llegar después de haber pasado por este mundo. Para entender estos conceptos, de una manera más certera, tendrías que verte a ti mismo como un software y que tu vida es el hardware donde  te desarrollas. Cuando tu juegas con tu software favorito, ni te planteas quién diseño el software ni el hardware, lo disfrutas, para eso está hecho, diseñado ¿no?  Quizá los más avezados, sobre todo si viven y comen de ello, sí tengan esa preocupación por saber quiénes están detrás de dichos juegos o de los hardware, pero no es lo común, al menos en estos tiempos llamados a disfrutar la vida sin preocuparse mucho en preguntarse qué hay tras ella. Bien, pues imagínate que el hardware llega a su fin y si es chino posiblemente se acabe primero, y tú, que eres el software, debes “cambiar” de carcasa, de hardware. El cielo no es más que ese cambio de carcasa hecho efectivo. No te preguntes cómo has llegado a otro modelito que sentirás como tuyo y sientes, esta vez sí, que podrás disfrutarte a lo máximo. El infierno es quedarte sin un nuevo hardware que ocupar, y no sería tan tóxico si no fuera porque tú sabes que eres un software y tu “idiosincrasia” está en “vivir” en un hardware, pero no puedes, de momento.

El futuro es un nuevo conocimiento de sí mismos
Los milenials vivirán el nuevo Conocimiento

Perdonar esta licencia que me he permitido y mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías. Quizá ya haya software que son capaces de construir hardware de la nada. Pero es la forma de decir que no importa cómo nombrar las cosas, pues las cosas son como son, las que son, sin falta de que las nombremos. Jesús no es una entelequia, algo irreal. La Iglesia fue, a lo largo de su periplo de dominación terrenal, convirtiendo a aquel hijo de las estrellas en algo que no tiene sentido desde la racionalidad de hoy en día. Para llegar a Jesús, solo tienes dos vías, el amor, que no sabe de otra cosa sino de amar, la fuerza primigenia del universo, o a través de un telescopio que sepa apuntar bien sus lentes. Quizá, solo quizá,  por algo el Vaticano está tan afanado en mirar los cielos desde sus observatorios. Ellos, de momento, obviamente, lo negaran pero lo que es del cura, tarde o temprano, llega a la iglesia y lo que es de las estrellas, retornará a ellas.

   No tienes porque creer lo que otros creen, pero tienes que creer en ti mismo como alguien más allá de tus propias creencias. Si lo logras, te verás entre las estrellas.

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