EL ENVIADO

Lo que prima e impregna todo el universo es la conciencia, la conciencia de Ser. Esta conciencia es parte indisoluble de la Conciencia Suprema del Padre. Lenguaje simbólico, consciencia y autoconsciencia son manifestaciones, estados, de esa Conciencia Suprema. Pretender reducir estas conciencias que conforman la Conciencia Suprema a la mera materia, visible o no visible, es querer comenzar por el final. Los materialismos de todo tipo y condición no pueden salir de la prisión de la materia, sutil o no, pues no pueden limitar, tocar, palpar, oler, pesar, medir, en suma, el espíritu que representa la Conciencia. En otras palabras, hablar de espiritualidad y conciencias a un alma materialista es como hablar en chino a un sordo árabe.  El problema del materialismo comienza cuando intenta apresar con un lenguaje matemático al espíritu que dio lugar al lenguaje mismo, incluido al matemático. Se refugian, en el mejor de los casos, en las atalayas de una ciencia entendida a su manera sin comprender que la ciencia, que el Conocimiento, es el camino hacia Dios o hacia esa Conciencia que impregna todo el universo.

Los infiernos habitan en las conciencias negadas al amor

Jesús, como enviado del Padre, no vino a salvar almas de un infierno que solo vive y está en las mentes humanas, real, eso sí, muy real por el daño que pueden ocasionar, sino que vino a anunciar los nuevos tiempos, la llegada del Reino del Padre. Un Reino que no es de este mundo, que no está bajo el paraguas del conocimiento humano que solo vive del, por y para el miedo, yun Reino que llevará al ser humano al conocimiento de sí mismo y de su lugar en este universo cambiante.

EL ENVIADO DEL PADRE REGRESA

Querer ver a Jesús bajo el criterio de la razón dogmática, manipuladora e insana de un sinfín de teologías y cristologías cristianas es, en el mejor de los casos, un acto de estupidez racional. Es no haber entendido que el mensaje del enviado del Padre para los hombres no habla de dudas, sino de certezas.

El cambio, como la muerte, es parte de la vida, no el final de la vida

No pide confianza ni fe, sino amor y perdón para entrar en el Reino del Conocimiento. El Reino que aguarda a los hombres al regreso de Jesús no es un paraíso terrenal, en el sentido bucólico que han expresado tantos artistas a lo largo de los siglos, sino el reino del Conocimiento. El hombre abrirá su mente a las estrellas de la mano de otras conciencias cósmicas que velan el despertar humano. Sí, los hombres jamás han estado solos en ninguno de los estadios de sus diversas humanidades. La vida basada en la materialidad de la Conciencia no se agota bajo ningún tipo de consciencia ni forma. La vida, como la Conciencia que la sostiene y las consciencias en que se manifiesta es infinita y eterna bajo los parámetros humanos, pues bajo el prisma de la Conciencia Superior o bajo las mismas consciencias y conciencias cósmicas desprovistas de su materialidad, de su corporalidad, el tiempo y el espacio no existen como tal. Por decirlo en otras palabras, el espacio y el tiempo es el espejo donde se reconocen las consciencias y, en última instancia, la forma en la que Dios, el Conocimiento supremo, se vive a sí mismo.

Las trompetas del cambio están sonando y los indolentes solo se oyen a sí mismos

   El enviado del Padre, Jesús, está, como quien dice, a las puertas y pocos oyen el canto que llega de las mismas estrellas. El ser humano está tan dolido de la maldad que es capaz de engendrar que su propio dolor no le deja escuchar el tiempo por venir. Pero, escuchen o no, lo entiendan o no, su regreso no es un cuento chino de ciencia ficción ni tampoco es, como dije líneas atrás, el paraíso por llegar, sino un nuevo período donde el hombre nacerá de nuevo hacia otros estadios de su existencia y esta vez de la mano de sus hermanos estelares.

POR QUÉ EL ENVIADO, JESÚS DE NAZARET, NO SABE EL DÍA NI LA HORA DEL FINAL DE LOS TIEMPOS

Aclaremos que el final de los tiempos no es el final de esta consciencia humana que ha emanado de la Conciencia Suprema del Padre. El final de los tiempos es el final de un período: el del desconocimiento del ser humano como parte del Todo y como parte entrelazada con el Todo y con todas las conciencias que lo acompañan.

Jesús viene en su Segunda Venida a confirmar los tiempos del nuevo tiempo humano

Los tiempos que vienen no se medirán en días, años, siglos, vidas, sino en el cúmulo de conocimientos que van surgiendo de un universo cambiante, que se recrea a sí mismo a través de las conciencias que lo expanden. Las leyes que el ser humano ha ido “descubriendo” sobre el universo son leyes sujetas al conocimiento desde la atalaya de la consciencia, de su racionalidad, no desde el espíritu que representa. La vida es un eterno crear y recrear. Aclarado esto, el día y la hora del final de los tiempos solo está reservada, según nos dijo Jesús de Nazaret, y lo dijo porque conoce quién es, de dónde viene y hacia dónde va, al Padre. Por qué. Porqué el ser humano, como especie y como individualidades, tienen la libertad de ser y la libertad es el principio de los cambios. El final de los tiempos, como cambio hacia otro estadio del conocimiento humano sobre sí mismo, sobre el cosmos y, medularmente, sobre Dios mismo, surgirá de la “suma” de libertades. Pero el hombre actual está atado a su inconsciencia de ser, a su no libertad, y, tal y como expresó el Nazareno, si no se acortasen esos días, nadie se salvaría, es decir, nadie entendería qué está sucediendo y nadie estaría llamado a poblar de nuevo este hermoso planeta. El hombre aun desprecia su libertad de ser y sigue creando mundos, formas de relacionarse y de mirar el universo, basado en sus miedos. Pero los elegidos del Padre, aquellos que fueron llamados a sembrar vida y amor a través de sus realidades, no pueden “vivir” las monstruosidades que el hombre es capaz de ejecutar por su inconsciencia. Por eso lo tiempos por venir son lo que son y serán tan devastadores para quienes se mantengan en su ignorancia de ser como expresó Jesús en su primera estancia sobre este hermoso y maltratado planeta. El Padre no se venga, no asesina en nombre de unos mandatos que tienen aroma a comportamientos humanos, demasiado humanos, sino es el hombre mismo, en base a su propia libertad, quien, en su inconsciencia, terminará dando la señal de los cambios ¿Cómo?

Las moradas del Padre son infinitas porque el universo crea, recrea y se transforma a sí mismo en un proceso atemporal

    Igual que Jesús fue el enviado del Padre, Jesús envió a quienes valorarán los tiempos de la cosecha y lo valorarán por lo que verán, por lo que vivirán, por lo que sentirán. Esos seres, que algunos llaman ángeles, guardianes, etc., son los encargados, a través de sus propias experiencias vitales, de enviar las señales para poner en marcha el final de los tiempos. Contra todo lo que puedan imaginar los incrédulos, los fanáticos de la maldad contra sí mismo y contra sus semejantes, los nuevos tiempos repoblarán la madre tierra con el hombre nuevo, no el que nace de ideologías de la muerte de todo tipo, sino del que nace por amor y del amor del Padre.

Los hermanos del cosmos velan por los llamados a poblar la nueva tierra

Los nuevos hombres no se abrirán al conocimiento de la muerte, sino de la vida, la que crea y se transforma, la que recrea y vuelve a transformarse. Las moradas del Padre, como dice Jesús, son infinitas porqué infinitas son las posibilidades de ser.

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