DÓNDE QUEDA EL REINO DE DIOS

Somos parte de la Conciencia del Padre. No importa si no podemos conceptualizar esa Conciencia Divina porque nuestro lenguaje simbólico, conceptual, interpretativo, no puede reflejar esa grandeza. Pero el hecho de no poder “comprender” a través de nuestros sentidos, no impide que haya una forma de percibir esa grandeza, a saber, nuestra emoción de Ser más genuina y válida a la hora de sentir en plenitud esa afirmación de ser parte de la Conciencia del Padre, a saber, el Amor. La búsqueda del Reino de Dios comienza y termina con el amor que somos capaces de dar y recibir. Veamos.

LA BÚSQUEDA DEL REINO DE DIOS NO NECESITA ETIQUETAS

   El primer disfraz que hay que sacar de encima es el de nuestra creencia de que hay un solo camino hacia el Reino de Dios y que siempre es el que alguien en particular defiende. No.

Jesús y el cambio de los tiempos
Jesús vino a señalar que los tiempos de los cambios estaban a las puertas

Todo camino comienza y termina con el propio  camino que cada quien va abriendo a través de su biografía particular. Todo camino que parte de su propia conciencia y que busca el Reino de Dios, termina llegando a la Conciencia del Padre. Cada horizonte que cada persona va viviendo hacia la cima de su Ser, hacia el despertar hacia la Conciencia del Padre, tiene su propio paisaje, sus propias y genuinas etiquetas ¿Significa esto que es negativo que mostremos nuestro propio camino, que intentemos mostrar nuestro paisaje? Pues, obviamente, no es negativo, ni pernicioso, ni nada por el estilo. Todo lo contrario, toda ayuda que puedas dar a alguien para despertarlo a su humanidad, al Ser que esconde debajo de su ego particular, es válido, noble y acertado. Quien ha llegado a la cima, quien está a punto de llegar, sabe perfectamente que su camino ha sido el suyo y que cada quien tiene su propia manera de escalar y abrir camino hacia la cima de esa montaña. Cuando nos empeñamos en trazar rutas fijas para llegar al Ser, lograr despertar al Ser que somos, no solo estamos cometiendo el error de no saber reconocer que todo ser humano es su propia singularidad, sino que se obvia lo más elemental, tú, cada cual, encierra en sí mismo ese mapa que le llevará a descubrirse como parte de ese Reino de Dios que habita en él. Cuando Jesús señalaba que era la fe de quien se quería curar quien realmente le curaba, tu fe te ha salvado, qué quería decir.

LA FE Y LA BÚSQUEDA DEL REINO DE DIOS

   La fe de Jesús en el Padre es el conocimiento de quien ha llegado al Padre a través de la senda del propio Conocimiento.

El conocimiento desde la óptica de Jesús
El Reino de Jesús conoce, desde hace eones, el Reino de Dios

Conocer es reconocerse como Conciencia de Ser y este conocimiento no solo forja a un sujeto cognoscente, sino que lo empuja hacia la fuente de ese reconocimiento de sí mismo. El Reino de Jesús conoce, desde hace eones, el Reino de Dios. El pueblo de Jesús es un pueblo que ha sobrepasado ya los límites de la misma consciencia, los límites que bloquean los caminos hacia el reconocimiento mismo de Dios. No hay secreto que no vaya a ser desvelado porque todo está dentro de cada conciencia. Las conciencias, humanas o cósmicas, están llamadas a encontrar el camino a casa, a la Casa del Padre. Jesús no vino a poner límites a los seres humanos en esa búsqueda del Reino de Dios, sino a trascender las barreras humanas que nacen de miedos y prejuicios. Jesús no vino a quebrantar la ley mosaica, sino a trascenderla. Pueden los teólogos e interpretes de la ley seguir discutiendo entre ellos e intentar seguir engañando a cuantos caigan en sus redes demagogas y de creencias impuestas, pero eso no quita un ápice a que lo que sembró Jesús en su primera venida haya dado sus frutos durante toda esta espera. La fe que Jesús enseña a buscar es la del Conocimiento mismo de Dios, es la fe del poder creador que habita en todo ser humano o cósmico por el simple hecho de ser partícipes de la Conciencia del Padre. Reconocer el poder creador que hay dentro de ti es reconocer la presencia de Dios dentro de ti.

Tú tienes el poder de vencerte
Las verdaderas, únicas y legítimas guerras son las que libras contigo mismo

El sacrilegio, la verdadera inhumanidad, es predicar la fe en un dios completamente ajeno a la creación misma o, peor aún, castigador de la creación misma. El Todo está en cada parte porque cada parte es el Todo en sí misma.  La fe que Jesús vino a enseñar es el Amor como fuerza creadora y el perdón como la forma de revitalizar esa fuerza creadora cuando la neutralizamos con nuestros propios comportamientos deshumanizados. Jesús no podía enseñar lo que hoy en día podemos entender como física cuántica simple y llanamente porque no le entenderían en su época, pero sí sabía que el hombre, la especie humana, estaba llamada a encontrar sentido a todas sus metáforas, más allá de las apariencias, en tiempos venideros.

¿POR QUÉ JESÚS VINO A ENSEÑAR LA BÚSQUEDA DEL REINO DE DIOS?

   El Amor no es un estado de la mente, del ego, es la esencia del Ser.

esencias
El Amor no es un estado de la mente, del ego, es la esencia del Ser

Por el Amor se es y cuando se deja de sentir, cuando se deja de desear e, incluso, cuando se aborrece, no caemos en ningún infierno, simplemente nos alejamos de nuestra esencia y dejamos de crear conciencia haciendo que esa capacidad creadora se convierta en una máquina generadora de inconsciencia. La esencia del Mal es la capacidad que tiene de alejarse de la Fuente, de Dios mismo, del sentido mismo del universo. La entropía, entendida como la tendencia al desorden, no es fruto de la esencia del universo, sino de las consciencias que habitan en él.

   Si Jesús llegó a este maltratado pero bellísimo planeta, donde la vida rebosa de luz en cada especie que en él convive, donde el reino de la naturaleza alimenta de luz a cada especie que en él habitan, no ha sido casual. La especie humana, en su última variante, en su última humanidad, debe trascender su estado de inconsciencia de sí misma porque este hermoso planeta no está solo en este infinito universo ni es el universo ajeno e inmune a lo que en él puede acontecer. Nada es casual en la creación. La libertad de Ser no hace al ser casual ni impide sufrir las consecuencias que otros han provocado. Jesús vino a señalar que los tiempos de los cambios estaban a las puertas ¿Por qué Él? ¿Quién es Él?

   Jesús es la Conciencia de todo un Reino que ha encontrado la Casa del Padre, el Reino del Conocimiento, de la eternidad misma, hace eones y que representa la esencia misma de lo que es el universo, amor, información y caos. Un caos que tiene en sí la semilla del orden en un ciclo sin fin.

Buscando el origen
Las conciencias, humanas o cósmicas, están llamadas a encontrar el camino a casa, a la Casa del Padre

Jesús es el enviado porque fue elegido por la misma Conciencia del Padre para enseñar al reino humano los nuevos tiempos para este planeta y para esta “raza” de consciencias, los hijos de los hombres, que están emergiendo a la Conciencia de Ser. Jesús no vino a proclamar el fin de la raza de los hombres, sino el fin de los tiempos de la inconsciencia, el fin del Mal para un planeta y una raza llamada a ser parte de la misma Conciencia divina de una plena, consciente.

   Las diversas sociedades humanas de esta última humanidad han ido evolucionado en la consciencia del universo, no solo por méritos propios ni mucho menos, para llegado el momento ser partícipes de los nuevos tiempos. Cuando los seres humanos comenzaron a mirar hacia las estrellas hace muchísimas humanidades, soñaban con llegar a esos mundos.

Los mapas son particulares
Toda conciencia de ser tiene su propio camino para llegar al Ser que es

Es el momento que las conciencias humanas sepan la fuerza creadora que tienen en sí misma para deleite de ellas mismas y del Padre. Aun cuando los tiempos estén próximos, pocos serán los que vean el glorioso tiempo por venir y no podrán verlo, simple y llanamente, porque su mirada estará puesta en las guerras y en la destrucción que el Mal hará antes de partir de este hermoso y maltratado planeta.

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