DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Jesús, el Maestro de Maestros, no vino a cambiar reglas, ni a imponer nuevas normas. Vino, aparte de señalar tiempos, los tiempos del Padre para esta bella morada terrenal, vino, digo, para ayudar a trascender a los hijos de los hombres de su condición de esclavos.  Solo un hombre libre puede ser partícipe del nuevo Reino que los hijos de los hombres están llamados a vivir. Pero, esclavos ¿de qué? ¿de quién? Esclavos de sus miedos, de su ignorancia. Esclavos de otros hombres, seres equivocados, que han usado y abusado de esos miedos e ignorancia, en muchos casos creados, fomentados y alentados por ellos mismos,para imponer su voluntad y oprimir a sus congéneres. Desde los albores de la conciencia humana los hijos de los hombres han sido engañados. Nacieron para ser libres y fueron encadenados al nacer por el Mal. Y el Mal fue vestido de bien y los hombres, engañados, han vivido bajo ese imperio. Ese imperio ha sido maquillado a lo largo de la historia de muchas maneras, pero todas tienen un denominador común, las creencias.


El Maestro vino, entre otras misiones, a liberar al Hombre de sus miedos y viejas creencias

DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

El Maestro no vino, siempre lo repito, a hablar a las creencias, sino a despertar conciencias. Una conciencia humana que ha estado y está, en la mayor parte de los hombres, dormida, mejor dicho, hipnotizada. Hipnotizada por el mal. La forma en la que el mal ha podido clonar tan bien su semilla ha sido gracias al mundo de las creencias. Las creencias se han endiosado a sí mismas, se han entronizado en los altares de una verdad absoluta, cada cual, cada civilización, cada cultura, la suya propia. Cada cultura ha creado su propio dios y lo ha elevado a la cima de verdad absoluta. Jesús nos recuerda que solo hay un camino a la verdad, yo soy el camino, la verdad y la vida. Jesús representa el conocimiento que desterrará esas verdades humanas nacidas a la luz de las creencias, incluso las creencias que han originado toda una institución de poder terrenal en su propio nombre, el cristianismo. No olvidemos que Jesús no vino a crear iglesia alguna, sino a sembrar un mensaje de amor y perdón, el único camino a la paz y al conocimiento, el único camino a la Casa del Padre.

El Maestro no vino a sembrar creencias, sino a despertar conciencias

   El César, ayer como hoy, reflejado magistralmente en la parábola de los tributos al emperador, se ha vestido de intereses muy mundanos, la codicia, el provecho propio a toda costa y a cualquier precio. Y estos intereses se han maquillado muy bien a lo largo del periplo humano para, cada quien el suyo propio, anteponerlo a cualquier otro y dar rienda suelta a todo tipo de tropelías en nombre de cualquier cosa que les pueda servir para mantener la esclavitud de unos hombres sobre otros, de unos pueblos sobre otros. Hoy en día, podemos ver al César de Jesús en corporaciones, en la bolsa de valores, en el consumismo desmedido con el único fin de esclavizar al hombre a lo superficial, en los Estados modernos que solo se han constituido para validar y legitimar la esclavitud de unos hombres sobre otros, en nombre del libre mercado o de ideologías de todo tipo, incluso las que encadenan al ser humano a un manual de partido. El Maestro, en su, repito, magistral enseñanza del tributo al César, recuerda que el hombre es mucho más que todas las creencias humanas y que todos los comportamientos a ellas asociados. Jesús vino a enseñar al hombre cómo orientar su corazón y sus palabras al Padre, a Dios, a Abba y no dejarse engañar por la vida mundana.

Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Qué es lo que pertenece a Dios. Qué es lo que el Maestro nos recuerda con esta frase que tanto polvo ha levantado a lo largo de la historia. La conciencia. Nuestra naturaleza, la creación del Padre, la podemos resumir en ese vocablo, en este término, Conciencia. La Conciencia es la libertad que somos, libertad de crear. La Conciencia es la libertad de amar, no de odiar. El odio es esclavitud. La Conciencia es el conocimiento que nos dirige a crear la realidad. El Maestro, Jesús, Maestro de Maestros, recuerda que no somos creencias, ni siquiera las éticas, sino conciencias que deben orientar su actuar en el mundo en base a lo que son y no en base a las creencias que creen ser y que, en última instancia, solo son formas de dominio, opresión, control, sufrimiento, dolor y muerte.

El Maestro vino a mostrar el camino hacia la Casa del Padre

   Cuando el Maestro dice dar a Dios lo que es de Dios está diciéndote sal de tus miedos, sal de tus creencias y orienta tu vida en base a la conciencia que el Padre te ha dado, con la que eres capaz de crear y vivir tu realidad. Jesús sabía que, quienes lo lograsen, habrían encontrado el camino a la Casa del Padre y habrían encontrado su lugar en el universo. Pero también sabía que serían pocos los que pudieran romper esa gran muralla de las creencias ¿Por qué? ¿Por qué dice el Maestro que son muchos los llamados y pocos los elegidos? En suma ¿Por qué cuesta abrirse al mundo de la conciencia? Porque la inercia de toda una evolución humana en base al engaño y la mentira ha calado muy hondo en la mente. Las semillas del odio germinan mejor, en la tierra de las creencias, que las semillas del amor y el perdón ¿Por qué perdonar a quien me desea mal, a quien me hace daño? Se preguntan tantos a lo largo de la historia. Porque eres amor, porque eres parte del Padre y ese odio que nace en ti no es más que el reflejo de la libertad que eres, pero ese odio no te dará felicidad y menos tranquilidad alguna. El odio con el que se responde al mal lleva en sí la semilla para perpetuar el odio generación tras generación. Pero, viene a decir el Maestro, sois más que el odio que os han sembrado y cuyo único fin es que sigáis sembrandoodio para que el hombre siga encadenado a sus miedos y siga oprimido por una casta de seres equivocados al servicio del Mal. Por eso hay que dar a Dios lo que es de Dios. Hay que abrirse a la conciencia que cada quien es y orientarla a una vida dedicada a crear desde el amor y la colaboración. Jesús vino a señalar los tiempos de esos nuevos tiempos, en los que el César dará paso a Dios en este hermoso y maltratado planeta azul.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *